Una vida sobre ruedas

El padre sabe todo de neumáticos y se sorprendió al ver que a su hijo también le enganchó: los dos se lanzaron a ampliar y diversificar el negocio


Aldo Regueira Seoane no quiso seguir los negocios hosteleros de su padre, un antiguo emigrante en Buenos Aires, de los últimos ferrolanos que saltaron el charco, y por eso acabó entre neumáticos. Aunque nació en Argentina, todavía muy pequeño regresó con sus padres a Ferrol Vello -«soy del Muelle», cuando alguien responde así es que, efectivamente, se siente del barrio portuario ferrolano- y como no quiso continuar con la cafetería comenzó a trabajar en la malograda fábrica de neumáticos Rubber, de Fene. Pese a que la planta terminó en un fiasco, a Aldo le sirvió para aprender todo sobre el mundo de las ruedas de automóviles.

Sin querer, Aldito, todavía con 12 años, empezó a saber la importancia de unos buenos neumáticos cuando viajó con su padre y la escuela se lo permitía, enviado por la Rubber en muchas ocasiones a Bilbao, Sevilla o Valencia, para inspeccionar partidas de ruedas. La transmisión de la vocación estaba ya en marcha. En 1993 Aldo pensó que era el momento de comenzar a caminar por libre. Dejó también el folclore -«pasé por Terra Meiga, Toxos e Froles y Donas e Galáns», recuerda- y se dedicó de lleno a su nuevo negocio en la carretera de Catabois, cerca de Porta de Neira, pensando en que serviría para mantener a la familia (tiene otros dos hijos) y aguardar a una jubilación llegado el tiempo. Aldito estudiaba formación profesional, terminó su maestría en máquinas y herramientas, que tiene muy buena salida en la comarca, si bien le dijo a su padre que le gustaba la cosa de los neumáticos y que quería unirse a él en el negocio, para sorpresa de Aldo.

«Bien -dice ahora el mayor-, esperé a ver si se trataba de algo pasajero o tenía fundamento hasta que me di cuenta de que iba en serio. Entonces pensé: vamos a mejorar, los dos podemos montar algo mejor». Y así buscaron un local más grande, próximo, en la misma carretera de Catabois e instalaron la sucursal de Eurotyre, donde están ahora, con un empleado. No descartan, después de la crisis, abrir un segundo taller en el otro extremo de Ferrol o Narón.

«Nos repartimos el trabajo -dice el padre, y Aldito asiente-, yo me encargo de las compras y de la gestión y él se va a ver todo lo nuevo que sale porque estamos en un sector con mucha innovación». Ese es el motivo de sus viajes a Francfort, donde se encuentra la fábrica de neumáticos de Continental, o Luxemburgo (Goodyear). También es el que se ocupa de los alineamientos y de la clientela juvenil: si hay un público joven aficionado a los coches tienen que tener también necesidades de ruedas especiales, y ahí está Aldito para aconsejar.

Aldo dice que el taller de ruedas actual ya no es aquel garaje lleno de suciedad, por el material que se maneja, sino un espacio limpio porque también hay mucha clientela femenina a la que le espanta, por regla general, llegar a un establecimiento lleno de polvo. Resulta curioso ver los entresijos de un negocio de estas características. Y también hay tiempo para el esparcimiento, porque, afortunadamente, los tiempos han evolucionado. De manera que cuando Aldito nota que en la playa de Ponzos las condiciones son óptimas para su pasión, coge la tabla y, al mediodía, se va a navegar sobre las olas, «siempre por libre, no me gusta competir».

¿Son tan importante unos neumáticos?, le pregunto a Aldo: «Después del primer día de lluvia vete a un taller de chapa y mira las ruedas de los coches que se dieron cacharrazos, seguro que el cincuenta por ciento tienen la goma gastada. Es decir, una de las causas del siniestro fueron las ruedas».

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