07 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.
Cuando el día se asoma y las calles dormitan en silencio, cuando el mar se despereza y las olas alcanzan su punto de ebullición, los percebeiros de Cedeira mudan su piel por el neopreno para bailar con sus embarcaciones al son de la marejada. Sobre un tablero de rocas punzantes, se juegan la vida, se abrazan a las piedras, hurgan en los recovecos y los despellejan. De su gallardía han hecho un oficio. De él viven cerca de cien familias cedeiresas. Percebe bendito, sabroso, enraizado, exclusivo y preciado. El marisco más buscado, el más difícil de encontrar. Umm, ese regusto a salitre...