«Bajamos los machetes y las luces seguían encendidas»

L.A.N.

FERROL

«Era como un 'Poltergeist'», decía ayer Juan Manuel desde el portal número 5 de Adolfo Ros, uno de los edificios afectados por la subida de tensión; «bajamos los machetes y las luces seguían encendidas», prosigue. El susto fue supino para la gran mayoría de los vecinos que, dos horas después del corte, seguían comentando lo sucedido en la calle a la espera de «una explicación» por parte de la compañía.

Algunos lograron pegar la oreja cuando llegaron los técnicos de Fenosa. «Fueron a buscar un cable para poner ahí», sentenciaba uno. Y otro apuntaba que «dicen que es una avería subterránea y que les llevará una semana».

El daño ya estaba hecho, pero el vecindario se resistía a seguir sin luz mucho tiempo más. «Si mañana no tengo corriente, no sé que voy a hacer», señalaba Chelo, de la panadería Al Pan, Pan. En el momento del apagón, notó que «salía algo de humo de la báscula». Pero claro, sin electricidad no era fácil saber si estaba estropeada o no.

Quien lo tenía claro era Virginia. Su residencia en el segundo piso del número 49 de República Argentina fue una de las que tuvieron que visitar los bomberos. «Fui a pasear al perro -relata-, y cuando volví ya noté algo en el ascensor, porque iba a golpes». Pero lo peor le esperaba en el interior de la vivienda. «Me di cuenta de que no tenía luz porque estaba apagado el reloj del horno», dice. Entonces fue a la caja de automáticos y accionó el interruptor general. «Oí como una explosión», señala. Provenía del salón. Y a esa le siguió otra desde otra estancia de la casa.

«Hacía poco que la habíamos comprado», decía apuntando hacia el aparato de televisión, todavía ennegrecido por el humo. Pero también temía por el vídeo y por el ordenador.

Claro que el suyo no fue el único televisor afectado. Al menos cinco vecinos consultados ayer por La Voz confirmaron que sus aparatos se habían freído. «Yo tengo una Sony grande que debía tener seis meses», decía una vecina del portal contiguo. Mientras que otra manifestaba haber perdido una pequeña que, matizó, «no tenía TDT».

Otros vecinos mostraban su preocupación por los congeladores, y algunos ya empezaban a pensar en la comida. «Ahora teníamos que irnos de restaurante y que pagase Fenosa», sentenciaban. Aunque no faltó quien encargó el menú a una pizzería y, cuando llegó el repartidor, bromeaba, «menos mal que estamos todos en la acera, porque tampoco funciona el timbre». Y es que, decía, «estas cosas hay que tomárselas con humor».