La crisis pone precio de saldo al mercadillo

FERROL

Menos compradores y más regateo en la primera feria de Ferrol de este año

19 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Ni siquiera la crisis económica ha hecho al consumidor buscar en la tradicional feria de Ferrol las gangas con las que hacer frente a la cuesta de enero. Ayer, puestos los de siempre, pero con menos compradores, o lo que es lo mismo, menos ventas. Y más regateo, pese a que los vendedores han sacado su artillería pesada en forma de descuentos y ofertas especiales: dos prendas de ropa interior por un euro, chaquetas a mitad de precio y rebaja de hasta un 20% en monedas y billetes antiguos. Pero ni con esas.

Encarna Barrul atiende junto a su marido Adolfo Jiménez un puesto de género de punto. Después de tres horas y media de feria aún no se habían estrenado. Y eso que los jerséis que hasta hace semanas vendían a 15 euros ahora cuestan solo 8. «Te las ves negras para vender algo», justifica, al tiempo que recuerda que el precio del producto en origen «no lo bajan, porque la situación para ellos también está mal». Con los exiguos ingresos que extraen de su presencia en ferias como la de Ferrol, el mercadillo de Recimil, Cedeira o Perlío se sostiene, cada con más dificultad, los cinco miembros de su familia, residente en Caranza. Después de dos décadas de venta ambulante, la pareja ha visto todo tipo de crisis. Y como en todas, «los clientes buscan lo más barato... y regatean más».

Lo comprobamos a pocos metros de distancia. Manuel Cambón, de Arteixo, se estrenó hace poco más de un año en esto de las ferias. Vende productos de madera y mimbre: cestos, banquetas, sillas, percheros... Mientras habla -«Estamos moi perdidos, o que sacamos non nos dá nin para pagar o gasoil e o posto», declara- una cliente pregunta por un taburete de 10 euros. «Si me lo dejas a ocho te lo llevo». Pero Manuel no cede al regateo y la señora se marcha. Otro cliente le aborda: «¿Canto costa? ¿Doce euros? Por ese precio fágoo eu», le espeta. «Isto non dá. Hai que deixalo», concluye Cambón.

Los embutidos, la excepción

Las quejas de los comerciantes es unánime en la primera feria de Ferrol de 2009. Solo una excepción: el puesto de embutidos de León que regenta Salvador Arias Franco. Una década en Ferrol, la calidad de sus productos y su simpatía y desparpajo le ha granjeado una clientela fiel que tiene que coger número y hace cola para ser atendidos en esta mañana de domingo. Y ya van más de medio centenar a media mañana. «La crisis se nota, pero la gente comer tiene que comer», dice argumentando su éxito de ventas. Los clientes lo avalan. «Tiene muy buen producto y de precio está bien», explica Manuela Blanco, una fenesa que acudió con su marido, Manuel Fernández. Sigue comprando cecina, queso y chorizo de este puesto, aunque reconoce que ahora «nos medimos un poco más». En la feria dice no ver tales rebajas. «Xente ao mellor haina, pero máis para dar unha volta que para comprar», agrega a su lado el Antonio Pita.

Repuntan los negocios de venta de objetos usados. Al de la familia Salazar, que vende libros y discos pero también los artilugios más inverosímiles -herramientas oxidadas, cinta de carrocero o piezas de tocador- no le va del todo mal. «Llevo 130 euros», dice uno de sus dependientes. Y pese a las apariencias, tampoco corren tan malos tiempos para la numismática y la filatelia. Alberto Vázquez reconoce que Ferrol es un mercado «flojillo, el que peor está de Galicia», pero el negocio se sostiene. Aunque sea a fuerza de vender a dos euros auténticos billetes de 1925.