Las diseñadoras dicen que «no ha sido acertado» el uso de acero corten oxidado
12 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«Hay buenos arquitectos en la ciudad, con sangre ferrolana, sin tener que ir por un mundo de papanatas para conseguir un proyecto sin corazón». Así de contundente presentó anteayer el alcalde, Vicente Irisarri, a las arquitectas que firmaron la más reciente urbanización de la plaza de España. Son las integrantes del estudio Arat Arquitectos, que abrió sus puertas en el año 2003 en el barrio de Esteiro. Patricia Montes e Isabel Morillo son las dos firmas que figuran en el proyecto, aunque también se entregó en cuerpo y alma al diseño su colaboradora Carmen Boedo. Las tres asumieron juntas el reto de finalizar la plaza durante los últimos meses, llenos de ilusión, eso sí, pero también de una alta dosis de responsabilidad.
-¿No sintieron pánico al tener que afrontar el proyecto de la plaza de España?
-No fue pánico, explica Patricia, pero al ser un proyecto tan polémico sí que cuidamos mucho las formas y la manera de trabajarlo. Hemos tratado de que todos saliesen beneficiados.
Las tres especialistas reconocen que el de la plaza de España «es un tema que se ha tratado mucho» en su sector durante los últimos años. Cuenta Isabel que los corrillos de arquitectos de la ciudad llevan años imaginando posibles soluciones, y ellas no iban a ser menos. De hecho, se lanzaron sin pensarlo dos veces cuando tuvieron la oportunidad de colaborar con el Concello en ese aspecto.
Carmen Boedo señala que la sociedad Arat nació con proyectos de viviendas unifamiliares. «Después hicimos también alguna promoción de edificios de seis a 30 o 40 pisos», apunta Patricia Montes. Pero este no es su primer trabajo con la Administración. «Hemos colaborado antes con la Xunta», matiza Isabel Morillo.
-¿Y por qué ha tenido tan mala prensa el acero corten?
Las arquitectas aclaran no tener «nada en contra de ese material -señala Patricia-, solo que no ha sido acertado colocarlo en ese sitio». Las diseñadoras de la nueva plaza de España recogen, así, una demanda popular: «Realmente es la mayor queja del ciudadano».
Sobre la manera de afrontar su planificación, las profesionales de Arat consideran de vital importancia «la idea de que la plaza tenía que tener una unidad», indica Isabel. Y quisieron convertir la de España en un espacio público «más humano; un centro de paso y de convivencia».
Eso fue lo que más trabajo les ha dado: «El conjunto», dice Patricia, «hacer que todo forme parte de un mismo lugar». Aunque Carmen hace aquí referencia al contenido preesixtente. «Como arquitectas, es más atractivo partir de cero», argumenta Isabel. El caso de la plaza de España es diferente. Se trata de modificar y finalizar un proyecto anterior, distinto en muchos aspectos al objetivo marcado por el equipo que dirige ahora el rumbo político del Ayuntamiento. Pero estas chicas encuentran en ese reto una satisfacción: «También nos ilusiona poder solucionar un problema de la ciudad», señala la misma arquitecta.
Lejos de las aspiraciones de otros creadores de renombre, las diseñadoras de la nueva plaza de España se conforman siempre con que el resultado final «atraiga y apetezca a los ciudadanos ir a ella».
«Nos gustaría ver que funciona», señala Isabel, «que se celebren conciertos -prosigue Patricia-, que esté llena de gente y tanto comercios como cafeterías funcionen, que sea un sitio de paso y no haya barreras...» La lista es interminable.
Anteayer tuvieron una primera toma de contacto. «Sabemos que puede haber críticas», dicen, pero de entrada su proyecto ha tenido una buena acogida entre los ciudadanos. Solo falta una cosa: «Que se acabe pronto», corean.