Un helicóptero localizó con vida entre unos matorrales a la anciana de Catabois desaparecida el sábado gracias al paraguas que había desplegado para protegerse
10 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Y al tercer día, se obró el milagro. Cuando ya se habían perdido las esperanzas de hallarla con vida, María del Carmen Pardo Sánchez, de 79 años y vecina de Catabois, apareció ayer casi sana -semiinconsciente e hipotérmica- pero, en cualquier caso, sana y salva entre unas zarzas en la zona de Seixo Blanco. Nadie se esperaba un desenlace así cuando a primera hora de la mañana se retomaban las patrullas a pie, compuestas por vecinos y miembros de los cuerpos de seguridad, para intentar dar con la anciana, que padece párkinson y presenta problemas de movilidad. Su marido, Gerardo Paredes, que ya se veía viudo, explicaba por enésima vez las circunstancias de la desaparición. Y hablaba del eventual hallazgo: «Morta ten que ser, pero polo menos darlle unha sepultura e saber onde a temos. Outra cousa xa non conto», murmuraba apenado.
No se esperaba la sorpresa que le aguardaba apenas una hora después de decir esas palabras. El operativo se reunía al mediodía para coordinar la búsqueda de la tarde. Allí se anunciaba que un helicóptero de la policía nacional se uniría al despliegue. Pocos minutos después comenzaba a oírse el rotor y en menos de un cuarto de hora se daba la buena noticia. La anciana yacía tendida a unos dos kilómetros. Su paraguas abierto, supuestamente desplegado para resguardarse, facilitó su localización desde el aire en una zona de matorrales anexa a una finca y un muro, un área de difícil acceso que los operativos de búsqueda habían descartado inicialmente por considerar que no podría haber llegado hasta allí. Pero sí lo hizo. Y cuando fue encontrada tenía con ella una bolsa con hojas de árboles para el trabajo escolar de su nieta, motivo de su salida de casa, ataviada con bata y botas de goma, y de su desaparición.
A última hora de ayer, María del Carmen Pardo se encontraba ingresada en la uci del Arquitecto Marcide, recuperándose de 68 horas perdida y tres noches al aire libre con temperaturas por debajo de los diez grados, lluvia y viento. En el hospital se le subió la temperatura y se le practicaron pruebas, aunque la evolución era favorable, según informó su yerno, Antonio García. «Cuando la encontraron estaba muy fría, no me hablaba», explicó la hija, María del Carmen Paredes, que se manifestaba «eufórica». «No contaba con ella, estoy con una felicidad que no te puedes ni imaginar», contaba despertando de una pesadilla de tres días en la que nadie de su familia consiguió pegar ojo.