En 1997 consiguió completar a pie, en una sola etapa, el trayecto que separa el antiguo Hospital de Peregrinos de Neda de la basílica del Apóstol en Santiago
30 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.A día de hoy, Lino López sigue recordando perfectamente, en cada detalle, aquel día de verano en el que recorrió, en una sola etapa, el Camino Inglés a Santiago. Fue exactamente el 15 de julio de 1997. En un gesto cuyo objetivo último era «rexeitar a violencia terrorista de ETA», el veterano corredor de maratón nacido en la Terra Chá pero afincado en Ferrol, que entonces acababa de cumplir los 47 años de edad, completaba a pie en una sola jornada los más de 100 kilómetros que separan el antiguo Hospital de Peregrinos de Neda de la catedral de Santiago. Por aquel entonces, y a pesar de su veteranía, aún era capaz de correr regularmente la media maratón en marcas situadas en torno a la hora y diez minutos. Por lo que hacer a pie el Camino Inglés en un solo día no le supuso un especial esfuerzo. Hasta el extremo de que, como pudimos comprobar quienes aquel día lo acompañamos para darle unos ánimos que evidentemente no necesitaba -la mayoría de nosotros haciendo el grueso del trayecto en coche, solamente a veces pisábamos el suelo, eso es lo cierto- podemos dar fe de que para no adelantar en exceso la hora de llegada... ralentizó repetidas veces su paso.
Partió Lino, de Santa María de Neda, a las 6 de la mañana. Y a pesar de no apresurarse demasiado, a las 17.15 horas ya estaba abrazando la imagen del Apóstol en Compostela. «Aquel día -rememora- nin sequera tiven que correr todo o tempo. O que facía, como sabes, era alternar tramos de dez quilómetros de carreira con outros de cinco quilómetros camiñando. E non, non me supuxo un especial esforzo, en contra do que supoñíamos. O realmente duro, para min -comenta Lino-, foi correr despois, e nese caso si que sen outros tramos camiñando que os precisos para cambiarme de roupa ou para alimentarme, desde a igrexa do Cebreiro ata Santiago; iso si que foi tremendo; tanto, que cando cheguei non sabía nin que me estaba a pasar no corpo, era incapaz de parar quieto. Pero a verdade que a máis comentada non foi aquela segunda iniciativa, senón a primeira, a do Camiño Inglés. Esa foi a que máis lle chamou a atención á xente». Aquel día, Lino López -que en otra ocasión también corrió desde Ferrol hasta San Andrés de Teixido, empleando tres horas y 40 minutos en completar los más de 50 kilómetros del recorrido entre la ciudad naval y el lugar al que Vai de morto quen non foi de vivo - se encontró con que en casi todos los municipios por los que pasó había grupos de atletas aficionados aguardándole para acompañarle durante algunos kilómetros.
«¿Documentación...?»
Y se encontró, también, con alguna anécdota. Como cuando, al pasar por el Mesón do Vento, una pareja de la Guardia Civil le pidió que se identificase, con las dificultades que entrañaba hacerlo... en pantalón corto y camiseta. Con cuatro horas de adelanto sobre el horario previsto, Lino López llegó al Obradoiro con los brazos en alto, y tras abrazarse allí a sus familiares y corresponder a los aplausos de los que lo aclamaban, entró en la catedral inmediatamente, para postrarse ante el Apóstol con los ojos humedecidos por la emoción. Conmovido por los recuerdos de aquel día, el deportista contaba el viernes que «a día de hoxe, xa non faría unha cousa coma esa; pero non me importaría, en cambio, acompañar a quen queira facela, correr ao seu lado nalgúns tramos e por suposto, se os quere, darlle os meus consellos». Sigue siendo uno de los mejores corredores veteranos del país, pero su cuerpo -advierte Lino López- ya no podría recuperarse fácilmente «dunha cousa coma esa». Funcionario de la Armada, para la que trabaja como chófer en el Parque de Automóviles, el corredor sigue entrenándose casi a diario, aunque ya sin la autoexigencia de antaño. Ahora, además, se recupera de una operación en la rodilla: una intervención de menisco. «Pero xa estou bastante recuperado -anota el corredor, que en su categoría y en casi todas las distancias, sigue estando, entre los mejores de Galicia- e con coidado podo empezar a adestrarme un pouquiño».
A Lino, que nació en una casa campesina muy humilde y que en Ferrol encontró, como tantos de los llegados desde la Terra Chá, del corazón espiritual de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, en tiempos aún muy difíciles, el lugar en el que abrirse camino laboralmente para poder formar una familia, le duele mucho que hoy cada vez sean más los jóvenes que no valoran la importancia del esfuerzo.
«Doniños é un paraíso»
El atleta veterano -que aparece en alguna novela como O Home Lino , al lado, por cierto, de alguno de los que lo acompañaron el día de su carrera a Santiago, como O Home Irazu - sostiene que el deporte es ante todo una escuela de valores, y no solo ejercicio físico. Y aunque la mayor parte de sus éxitos los logró sobre el asfalto, a Lino le gusta entrenarse en la naturaleza. Especialmente en el pinar situado junto a la playa de Doniños, y en los altos de Lobadiz, que coronan la península que separa el citado arenal del de San Xurxo. «Doniños é un paraíso [remarca], pero aquí non sabemos valorar o que temos».