La vida con Paco Filgueiras

Francisco Varela

FERROL

Angelita, la viuda del histórico comunista, narra en su biografía la dura existencia de las mujeres en la resistencia

25 nov 2008 . Actualizado a las 11:49 h.

La vida de la resistencia contra el franquismo en los peores años de la dictadura fue dura para los hombres, pero no menos para las mujeres. Es lo que se concluye al leer la biografía de Ángeles Fernández, la octogenaria viuda del histórico dirigente comunista mugardés Paco Filgueiras. El libro ( O mundo de Angelita , editado por la Fundación 10 de Marzo), es obra de las profesoras Josefina Feal y Beatriz Varela, que ya se habían iniciado en los aspectos femeninos del antifranquismo con otra pequeña biografía de Manuela Valcárcel, Mela la Carbonera.

Angelita recuerda aquellas noches en que, entre 1950 y 1972, su marido no regresaba a su casa de Mugardos, tras salir de Bazán. El miedo a que hubiese caído detenido o cuando Paco buscaba otro cobijo sabedor de que lo acechaba la policía. O cuando desaparecía más tiempo, como en 1961, cuando Filgueiras acudió a París para reunirse con Carrillo y diseñar la estrategia. «Me dijo entonces que iba a una fábrica a Barcelona, pero al ver los regalos franceses que me traía ya pensé que no era Cataluña». Eran las duras reglas de la clandestinidad que Fina Feal justifica, pero que no comparte, en ocasiones. «Utilizaban a las mujeres como tapadera y luego a los hombres se les valoraba y reconocía su labor, pero no así a ellas». Por eso la historiadora se pregunta: «En la lucha antifranquista los hombres tuvieron mucho mérito, ¿y ellas?». Y pone el ejemplo de la propia Angelita, viajando a Francia con sus dos hijas cuando Paco, tras la tragedia del 10 de marzo de 1972, cuando la policía ametralló una manifestación de Bazán y dejó en As Pías dos muertos y más de 40 heridos. Filgueiras entonces consiguió huir clandestinamente y romper el cerco que cerró Ferrol.

Su evolución

Bety Varela observó durante las largas conversaciones con Angelita su evolución y concienciación, desde una mujer típica despolitizada hasta su plena integración en la lucha contra Franco.

Angelita, a pesar de que Paco nunca le podía decir en qué andaba, «jamás desconfié de él». Cuando Filgueiras la introdujo en las actividades clandestinas, como distribuir propaganda, Angelita confiesa que «tenía mucho miedo», porque tenían que separarse. Ahora, pasados los 80 años, todavía sigue activa. Participa en un taller de teatro, acude a todos los actos de la Memoria Histórica, pero con el dolor íntimo de que su querido Paco no pudo ver el fruto de su titánico esfuerzo. Porque Filgueiras ya se exilió con una lesión de cabeza, ocasionada por un golpe de un policía durante una de las múltiples detenciones. La lesión degeneró en tumor, fue intervenido en París, si bien el mal quedó sin cura.

El ansia del regreso hizo que Paco quisiese volver a toda costa y a comienzos de septiembre de 1976, Angelita y él tomaron el tren rumbo a España. «La emoción fue tan fuerte que le hizo mal», recuerda ahora. Filgueiras, todavía joven con 56 años, se puso peor en el vagón y fue necesario parar el tren y bajarlo a medio camino. Lo vio un médico y lo dejó seguir en ambulancia hasta Galicia, para fallecer al poco de llegar. Estaba ya inconsciente y no pudo volver a ver su Casa das Mareas, donde vivía con Angelita. Su entierro fue una de las mayores concentraciones de masas habidas en Mugardos en las últimas décadas, reflejo de su popularidad.