El CIS lidera un proyecto para acabar con los sentinazos de barcos en el mar

FERROL

Acabar con los episodios de contaminación marina a nivel internacional provocados por los conocidos como sentinazos -vaciado al mar de los residuos procedentes de la limpieza de tanques y de las sentinas de las cámara de máquinas de los barcos- es el principal objetivo que ha motivado el desarrollo de un proyecto de investigación liderado por el inventor cedeirés José Antonio Bustabad en el CIS. Se trata de una iniciativa que aspira a implicar a todos los organismos marítimos mundiales para conseguir la implantación de un procedimiento en todos los puertos que, a través del tratamiento del agua de lastre, ponga fin a la contaminación en el sector.

El proyecto Silcomar propone que se «hagan las reformas indicadas en los buques y en los puertos para que todos los residuos oleosos, o de otros productos contaminantes, puedan ser descargados en las terminales portuarias, que actuarían como auténticas depuradoras marinas, para su posterior tratamiento y reciclaje, a cambio de un canon que pagaría el armador englobado en sus gastos generales de puerto».

Habitualmente, los barcos petroleros llenan sus tanques con agua en un puerto cuando navegan sin carga, agua que vacían cuando llegan a otro puerto para embarcar la mercancía. Con frecuencia, ese trasvase del líquido elemento contribuye a transportar microorganismos de un país a otro, que en ocasiones dañan los ecosistemas.

Aunque inicialmente la aplicación de este proyecto tendría una repercusión en las tasas portuarias, José Antonio Bustabad, principal ideólogo de esta iniciativa, considera que su desarrollo incluso ahorraría costes al sector. Los armadores ya no tendrían que hacer frente al gasto en limpieza de los tanques; sus barcos recibirán agua de lastre exentas de partículas en suspensión, por lo que no acumularán lodos, y evitarán la corrosión de los depósitos. La consecuencia es que «podrá embarcar más carga y cobrar mayor flete»; y generar más ingresos.

Este proyecto de investigación se fundamenta en la instalación en los distintos puertos de tanques a los que los navíos inyectarían el agua de lastre. Tras su depuración, a su vez ese agua podría ser suministrada a aquellos barcos que así lo requiriesen.

El mayor hándicap que afronta el proyecto es que, para ser efectivo, tiene que implantarse en todos los recintos portuarios a nivel internacional, con las consiguientes dificultades que esto conlleva.