A pocos metros del arenal más concurrido se esconde O Castro, uno de los parajes con más encanto de Mañón
13 ago 2008 . Actualizado a las 11:38 h.Cuando la marea baja lo permite, en la costa entre Vilela y O Barqueiro el agua deja paso a un arenal como pocos de los que se ven en Galicia. Allí, entre las rocas que reciben las embestidas del océano, se esconde la playa de O Castro, un refugio paradisíaco alejado de ruido y contaminación y ajeno, de momento, al impacto de la mano del hombre, que conserva su esencia natural más pura.
Solo entonces aparece una de las playas más tranquilas de la zona. Frente a la fuerza de Esteiro, la de O Castro, que combina zona rocosa -que copa toda la playa en marea alta- y arena, está protegida por los acantilados que conducen hasta Estaca de Bares.
De hecho, las altas pendientes y la profundidad de las mareas provoca que se convierta en una playa refugio: no se puede contemplar desde ningún ángulo y ninguna pista advierte de su presencia. Por eso, su atractivo es aún mayor: solo se puede acceder a ella si se conoce el camino y se sabe de su existencia.
Y tampoco es fácil, al menos para los turistas. Se encuentra a escasos metros de la playa más concurrida de la parroquia de Vilela que, aún al ser la más conocida, no tiene una gran ocupación. Ambas comparten la carretera de acceso asfaltada y un pequeño aparcamiento, pero nada más. Están separadas por un acantilado con una pequeña explanada a la que muchas familias acuden en ocasiones a comer en su jornada de playa. No es de extrañar. Tiene la mejor vista de la ría de O Barqueiro y la Isla Coelleira. Es el mismo paisaje que se contempla desde O Castro. Y también, la misma sensación de paz. Su único acceso a pie contribuye a la tranquilidad de este verdadero refugio natural: está escondido entre la maleza que no ha parado de crecer con las últimas lluvias y un camino en pendiente, rocoso y lleno de obstáculos que complica el acceso, ya que tampoco hay un lugar donde apoyarse.
La calidad y limpieza de sus aguas hacen de la playa el lugar perfecto, sobre todo para los amantes del buceo y la natación, que toman como referencia un islote que sobresale a escasos metros de la arena. Allí, la tranquilidad que rebosa el mar contagia a los pocos que acuden a O Castro.