Alejandra Rey Rañal, médica del Sergas con especialidad en familia y pediatría, quiere dejar claro que «es imprescindible el uso de material quirúrgico desechable». La doctora insiste mucho en esta idea porque «los otros riesgos son subsanables, pero la transmisión de un virus, como pueden ser la hepatitis B y C o el VIH, no».
Entre los peligros que se pueden correr a la hora de hacer un pirsin o un tatuaje, Alejandra Rey señala la infección local (sobre todo en los pírsines) y las reacciones alérgicas locales o generalizadas a los metales o a las pinturas de los tatuajes. Y es que algunos pirsin pueden producir lesiones musculares y dejar cicatrices irreversibles. Los tatuajes en la zona lumbar impiden que se pueda inyectar anestesia epidural. La trabajadora del Sergas apunta que «al hacer tatuajes y pírsines se borran puntos de acupuntura [zonas del dolor] lo que conlleva que no se podrán realizar técnicas de acupuntura sobre esos puntos y también pueden provocar dolor».
La doctora agrega que «la interferencia de metales y pinturas puede ser contraria a algunas técnicas diagnósticas». Por ejemplo, la resonancia nuclear magnética, que permite detectar enfermedades como la esclerosis, tumores o fracturas que no se ven con una radiografía. «Se han detectado trastornos psicológicos ocasionados por tatuajes permanentes y cicatrices de pírsines, y además el metal puede causar malestar corporal en algunas personas», completa.