Cuatro mujeres de Ferrol hablan sobre su forma de entender la maternidad y sobre las alegrías y dificultades que viven en el día a día con sus hijos
04 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Eva se estrenó como madre hace solo tres meses. Paz apostó por tener cinco niños en una sociedad poco devota de las familias numerosas. Fuensanta amplió la suya gracias a la adopción... Y Marián derribó prejuicios sociales para criar sola a su único hijo. Estas cuatro mujeres de Ferrol viven la maternidad de formas muy diferentes, pero hay algo en lo que coinciden: el amor incondicional que sienten por sus hijos. En esta página hablan de ellos y de lo que ha supuesto para ellas la maternidad.
En solitario
Para Mari Ángeles Barcia -ferrolana, 48 años-, «el trabajo es salud». Y no solo eso. «El trabajo te da mucha independencia y te obliga a salir, a relacionarte con los demás, a no quedarte en bata encerrada en casa». Tal vez por esa mentalidad, esta mujer no se amilanó ni un ápice cuando, recién separada y con 21 años, se vio sola con un bebé de ocho meses. «Él (por su ex marido) se desentendió y yo me quedé con la custodia del niño», explica echando la vista atrás. Hoy, ese «niño», de nombre Ricardo, tiene ya 27 años, un trabajo y una vida independiente y feliz. Pero, para llegar a donde está, Marián -como la llaman sus amigos- tuvo que emplearse a fondo: «He hecho de todo; desde vender productos de limpieza hasta trabajar en un taller de confección, pasando por la hostelería o la ayuda a domicilio», cuenta esta mujer llena de optimismo. Sin embargo, para ella lo más duro no fue tener que trabajar de sol a sol en determinadas épocas, sino el rechazo social que sintió en muchas ocasiones: «¡Imagínate! En el año 1981, en una ciudad pequeña como Ferrol, una mujer separada y con un niño no estaba muy bien vista; en los matrimonios había que aguantar y yo no estaba dispuesta a eso». Pero el peor momento de su vida llegó más tarde. A los 12 años, su hijo tuvo un tumor cerebral que lo dejó en coma dos días. «Nadie daba un duro por él, pero al final salió adelante», cuenta ella con una sonrisa. Y, de nuevo, al preguntarle qué ha sido para ella su hijo, la boca se le llena de orgullo: «Él ha sido el motor de mi vida».
La primeriza
Eva Fernández dejó boquiabiertos a sus familiares y amigos cuando anunció que estaba embarazada. Siempre había dicho que no quería tener hijos y, de repente, dio el campanazo: «Llegué a los 33 y me di cuenta de que me gustaban los niños y de que era ahora o nunca». El 28 de enero vino al mundo Inés y, desde entonces, Eva vive con una sonrisa permanente en el rostro. Cuando se le pregunta qué ha sido lo más duro de estos tres meses, no tarda ni un segundo en responder: «¿Duro? ¡Es que realmente no me ha parecido tan duro! Por ahora solo le veo ventajas, aunque supongo que será más difícil cuando tenga que volver al trabajo». Sin embargo, Eva reconoce que su caso no es como el de otras muchas mujeres. Su pareja, profesor en un colegio público, disfrutó de una baja de 29 días tras el parto. Y ella trabaja en una empresa familiar que le permitirá adaptar su horario al del bebé. «Yo tengo suerte, pero hay muchas madres que no están en las mismas condiciones; por eso creo que la baja por maternidad debería ser más larga, de al menos diez meses, como ocurre en otros países». También alaba el trato que recibió en el Arquitecto Marcide, los manuales para primerizas -«no he leído 50.000, pero sí algunos, y ayudan mucho»- y las ventajas de la lactancia materna. «Todo el mundo me decía que lo de dar el pecho era complicado y para mí ha sido lo más cómodo, lo más bonito y lo más fácil», dice convencida.
Con familia numerosa
Los cinco motores de la vida de Paz Echevarría se llaman Pablo, Miguel, Gonzalo, Isabel y Teresa. Son sus hijos y ella asegura que vive por y para ellos. «Mis hijos me dan todo lo que necesito para ser feliz», asegura sonriente. A Paz siempre le gustaron las familias numerosas -cuenta que de pequeña fue «muy feliz» con sus tres hermanos - y por eso cuando se casó ya tenía claro que quería muchos niños. «La gente se piensa que criar a cinco hijos es una locura , pero para nada es así; con un poco de orden, un poco de paciencia y mucho cariño, resulta más fácil de lo que se puede imaginar». Paz decidió quedarse en casa para estar con sus hijos, pero dice que eso no significa que no crea en la conciliación de la vida familiar y laboral. «Pienso que una madre puede hacer las dos cosas, lo que ocurre es que ni el Gobierno ni las empresas dan demasiadas facilidades para ello», explica Echevarría. También reivindica ayudas para las familias numerosas -«ahora son nulas»- y asegura que es posible criar a cinco hijos con un solo sueldo: «Nosotros no nos podemos ir de vacaciones ni tener una casa de lujo, pero sí tenemos todo lo necesario para vivir dignamente».
Con una niña adoptada
María tiene 8 años y una preciosa mirada rasgada. «Realmente, eso es lo único que le queda de China, sus ojos», dice su madre, Fuensanta Sánchez-Ocaña. Esta ferrolana y su marido adoptaron a María cuando tenía 8 meses y fue así como dieron una hermana a sus dos hijos biológicos, Antonio e Isabel. Fuensanta cuenta que la espera fue muy larga -dos años desde que iniciaron los papeles-, pero asegura que valió la pena. Aunque también reconoce que al principio hubo momentos en que lo pasó mal: «María me rechazó los primeros días y aunque me habían avisado de que podía pasar, para mí fue durísimo», explica rememorando su viaje a China. Pero las cosas no tardaron demasiado en marchar sobre ruedas. Los hermanos de María la acogieron con los brazos abiertos y en casa siempre ha sido una más. «Desde que te enseñan su foto ya la empiezas a querer; y cuando me la entregaron en China, sentí la misma alegría que tras un parto», asegura Fuensanta. También cuenta que María sabe que es adoptada y que lo ha asumido de forma natural. Y, para terminar, manda ánimos a todos los padres que quieran seguir sus pasos: «La espera es larga, pero después la alegría es inmensa».