El autor de «Vista cansada» presentó ayer en la Feira do Libro de Ferrol su nuevo poemario, en el que a las puertas del medio siglo reflexiona sobre la vida y el tiempo
25 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Luis García Montero está a punto de cumplir eso que se ha dado en llamar la cincuentena. Y a las puertas de su propio medio siglo, publica, bajo el sello de Visor, en una edición muy bella, Vista cansada , un libro en el que uno diría que prima la contención. «Sí -dice el propio poeta-, porque yo creo que el sentimentalismo, como la cursilería, son enemigos de la poesía». No conocía hasta ayer Ferrol, García Montero, que es muy amigo -habla de ellos con especial afecto- de Ramiro Fonte y de Julia Uceda. «Aquí tengo la misma sensación que al llegar a Granada -decía en el Cantón, sonriendo, el poeta-. Porque los granadinos somos muy comedidos a la hora de elogiar nuestra ciudad, y me parece que los ferrolanos son un poco de la misma manera».
Rodeado de lectores, también comentaba ayer el poeta, en una hermosa tarde de libros, que desde su niñez hasta ahora el país «ha cambiado mucho», y que cuando revisa los recuerdos de su infancia se da perfecta cuenta de que ya no es esta la España que vivía «en medio de la pobreza», la que estaba habitada por «una sociedad diferente». Realmente sí, los tiempos son hoy muy otros, remarca el poeta, pero no puede servir ello de excusa para cerrar los ojos, advierte. «El poema es un espacio público», sostiene el autor de Vista cansada , firme partidario de un diálogo constante entre el escritor y el lector, entre quien escribe los poemas y entre quien es el destinario de ellos.
La lectura, el conocimiento
«Mi manera de ser se debe a los libros que he leído», recalcaba ayer, mientras la tarde iba cayendo sobre el Cantón de Molins, en un día por fin verdaderamente de primavera. Una tarde en la que uno de los grandes poetas españoles de hoy vino a Ferrol para recordar que la verdadera poesía, la que merece tal nombre, nace en el camino que conduce hacia el «conocimiento». La calidez de la tarde, unida a la presencia de García Montero, favoreció ayer la multitudinaria presencia de público en una feria del libro por cuyo futuro se llegó a temer muy seriamente.
A última hora de la tarde no sólo estaban repletadas de público las casetas de los libreros y el paseo que les servía de asiento, sino todas las terrazas cercanas, que presentaban un aspecto -y nada hay en ello de hipérbole- que podría calificarse ya no solo de primavera, sino incluso de veraniego. Los propios libreros de la feria comentaban con satisfacción que este año el público sí está acudiendo al paseo del Cantón de Molins al encuentro con los libros. «Un público -apuntaban- que talvez non sexa exactamente o que vai sempre ás librarías, senón alguén distinto, que por tanto supón un mercado diferente. Un público que busca desde os libros máis vendidos ata publicacións para os nenos».