Bajo reformado, negocio floreciente

FERROL

Los problemas de conservación de algunos edificios de A Magdalena no impiden que muchos establecimientos prosperen en espacios arquitectónicos rehabilitados

22 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Las historias de Patricia Portolés y Elisa Fernández son bastante diferentes, pero comparten dos hechos fundamentales: ambas están vinculadas al céntrico barrio de A Magdalena y son propietarias de establecimientos comerciales que han crecido durante años en espacios arquitectónicos con solera, pero rehabilitados.

Ambas han tenido que hacer frente a las dificultades propias de invertir en un barrio histórico sometido a severas normas a la hora de hacer obras y reformas en los edificios. No son dificultades pequeñas, en los cascos históricos de otras ciudades el comercio tradicional está en retroceso, como es el caso de Santiago, donde las tiendas de toda la vida están arrinconadas por la escasez de población de la zona histórica y la proliferación de tiendas destinadas a satisfacer el mercado abierto por la llegada de turistas.

Los dos que gestionan Patricia y Elisa son la otra cara de la moneda. Han superado con creces los cinco años en activo y no se dedican a los suvenires ni nada parecido: son una mercería y un tienda de ropa infantil, lo que demuestra que en A Magdalena es posible arriesgarse con un tipo de comercio tradicional y salir adelante.

Ropa para niños

Patricia Portolés es la propietaria de Koke?s, un establecimiento especializado en ropa infantil ubicado en la planta baja del número 134 de la calle María, justo en el cruce con Coruña. La tienda nació en un espacio alquilado de 45 metros cuadrados y Patricia comenzó como empleada. Pero fue emprendedora. En 1999 adquirió definitivamente el local original, y en el 2004 el de la pizzería que estaba situada en la parte de atrás.

Su objetivo era ampliar, pero no lo hizo de cualquier manera. «Encargué un proyecto de rehabilitación que fue examinado por los técnicos de Ayuntamiento», explica. El resultado es una tienda clásica en el barrio. Con piso de madera y techo de escayola, como dicta la norma de rehabilitación del barrio.

El establecimiento resulta moderno y lleno de luz, pero conserva la esencia del edificio con valor arquitectónico en el que está situado gracias a las paredes de sillares expuestos que se conservan perfectamente.

Eso sí, Patricia debió esforzarse. Todas las obras precisaron una fuerte inversión, y los trabajos de rehabilitación duraron más de tres meses. Aunque se las arregló para mantener abierto siempre, excepto durante un fin de semana, el local original.

También peleó con los elementos. En el pasado incluso tuvo goteras, un problema ya subsanado, que procedían de los pisos de arriba, que no son de su propiedad y, al menos desde el exterior, parecen estar en un estado de conservación menos boyante.

Una mercería tradicional

Criscel es otra historia. Su propietaria es Elisa Fernández, que heredó de sus padres la tienda, ubicada un poco más arriba que Koke?s, en el cruce de la calle Sol con Coruña. En 1986, Elisa abrió el establecimiento tal y como está hoy. No recuerda la cifra exacta, pero sí que hicieron «un gasto muy importante para rehabilitar el bajo».

La inauguración fue el día del Carmen e incluyó el cambio de nombre de la tienda. Los padres de Elisa tenían un ultramarinos con bar llamado Las Macetas. ¿Era antiguo? Da la impresión de que siempre estuvo en el barrio y, de seguir existiendo, a estas alturas tendría «por lo menos 69 años». Es la edad del hermano de Elisa. Las Macetas ya existía cuando él nació. Le cambiaron el nombre por Criscel, un compuesto del nombre de sus hijos, Cristina y Celso.

Criscel nació con la rehabilitación del bajo, que se tradujo en un bonito establecimiento que combina la madera en el techo y el suelo con las paredes originales de piedra. Mientras Elisa explica la historia del local, varias de las clientas no pueden evitar referirse a «lo precioso» del resultado de las obras.

Elisa vive con su familia en el primer piso del edificio, que también ha sido restaurado, y ya ha solicitado una subvención para hacer mejoras en la planta superior. Subraya que el trato con los responsables municipales a la hora de tratar el tema de la rehabilitación de las planta más elevada «ha sido muy bueno y nos han explicado todo con mucha claridad».

Elisa tiene justo delante de la tienda las polémicas obras de la calle del Sol, pero ella no las critica. «Creo que lo están haciendo bastante bien y comprendo que una reforma tan grande no puede hacerse de un día para otro», explica. Además, se muestra segura de que la reurbanización de la calle mejorará la vida de los vecinos de un barrio, el de A Magdalena, que, pese a los problemas «está muy bien y va a mejor».