Dolores, tradición y modernidad

FERROL

La hermandad más antigua y numerosa de la Semana Santa hunde sus raíces en el siglo XII; ha sido creadora de los capuchones y motor de cambios en esta celebración

15 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Es la hermandad más numerosa y también la más antigua de la ciudad. La Cofradía de Dolores, con más de 1.600 socios, organizará este año diez procesiones, y a muchas de ellas acudirá con nuevos tronos e imágenes para continuar con el exhaustivo proceso de renovación iniciado hace una década.

Los orígenes de esta popular hermandad se remontan al siglo XII, aunque no sería hasta diciembre de 1750 cuando se constituyó como Congregación de Servitas. En el siglo XVIII, la cofradía era la organizadora de las únicas procesiones que desfilaban por las calles de Ferrol. En 1940 fue la impulsora de la modernización de la Semana Santa, al promover el primer gran cambio en esta celebración religiosa. En la procesión de la Soledad, conocida popularmente como la de Os Caladiños, ocho miembros de la congregación salen acompañando a la Virgen cubiertos con capuz y hábito, dando lugar así a los primeros capuchones ferrolanos.

Estos primeros cofrades impulsarían años después la creación de otras cofradías, de tercios y procesiones con gran arraigo en la Semana Santa ferrolana, como la del Santo Entierro.

Siempre vinculada al corazón histórico de la ciudad, esta organización se refundó en 1992 para integrar a las distintas cofradías con sede en la capilla de los Dolores.

En los últimos años ha experimentado un profundo cambio, para extender la actividad de la hermandad a todo el año, y no centrarse casi en exclusiva a la Semana Santa. Al mismo tiempo que lograba aumentar su

patrimonio de imágenes y tronos, ha ido dando un salto cualitativo -al igual que el resto de las hermandades-, que ha sido muy apreciado por los seguidores de la Semana Santa ferrolana.

Hoy en día, el 38% de sus cofrades de esta organización son niños, «pero en otros tiempos llegaron a suponer el 90% del total», recuerda el presidente de la cofradía, Juan José Castro. Ahora, «muchos se incorporan con 17 o 18 años en adelante, pero una vez que se enganchan, suelen ser muy participativos, y no solo en las procesiones, sino en el resto de las actividades», afirma.