Capacitados para un puesto laboral

FERROL

La Asociación Pro-Minusválidos del Ortegal inicia una nueva etapa con la puesta en marcha de un centro de empleo y da los primeros pasos para crear una residencia

09 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

¿Quién mantiene tan lustrosas las letras que, sobre fondo verde, conforman la palabra Ortigueira a la entrada de la villa? ¿Dónde se realiza el proceso de confección de las fregonas que se compran en el Gadis? La respuesta es Aspromor o, con nombre y apellidos, Asociación Pro-Minusválidos del Ortegal. Esta entidad, que desde el año 1999 tiene un centro ocupacional en Ortigueira, ha decidido, con el año nuevo, dar un paso adelante y poner en marcha un centro especial de empleo.

Hasta el momento la asociación realizaba colaboraciones con empresas y concellos para realizar trabajos puntuales de jardinería y carpintería. Como las labores marchaban bien, había interés por parte de los demandantes e ilusión por parte de los usuarios, Aspromor tramitó la puesta en funcionamiento del nuevo centro de empleo.

María José Fojo, pedagoga de la agrupación, y Cristina Piñón, gerente, explican que aún están en trámites, pero adelantan que ya cuentan con el apoyo de los concellos de Ortigueira y Cariño para, a través de sendos convenios, realizar labores de jardinería en el primer municipio (cuatro días a la semana), y de mantenimiento en el segundo (un día).

Los carpinteros disfrutan de un contrato con la empresa Pizarras Campo, a la que surten de forma diaria de palés de madera confeccionados en las propias instalaciones de Aspromor.

Antes de acceder al centro especial de empleo, los usuarios se forman en talleres ocupacionales, donde aprenden el oficio y demuestran, ante la decena de profesionales que trabajan en las instalaciones, que sí están capacitados para desempeñar el trabajo.

Así, Fojo y Piñón explican que la primera fase de confección de los palés se realiza dentro de un taller ocupacional. Las otras tareas asignadas a los chicos consisten en el mantenimiento del vivero, la venta al público de plantas, la realización de tareas domésticas, apoyo logístico en el comedor o la confección en serie de fregonas.

Desde hace unos tres años, un grupo de diez discapacitados se encargan del montaje de 1.350 fregonas cada quince días que van a parar a los supermercados de Gadisa de la zona: «Para ellos ver que las fregonas que montan, están luego a la venta, les hace una ilusión enorme y les motiva», señala Cristina Piñón.

Se trata de un trabajo en cadena que desarrollan milimétricamente: «Cada fregona tiene que pesar 250 gramos, no se pueden pasar». La cadena de montaje empieza con el guillotinado de una larga mata de cordeles de algodón, que conforman cada una de las piezas. Otro los cuelga, el que le sigue los pesa, el de más allá los pena, y el último los empaca con una cinta que reza: «Fregona Aspromor. Algodón crudo».

María José y Cristina confiesan que esta actividad «ni nos da beneficios ni nos da pérdidas» pero reconocen su éxito como taller ocupacional: «Es una actividad tranquila, que les permite estar hablando, al mismo tiempo que trabajan».

Cada quince días, los chicos frenan la cadena de montaje y se dedican a embalar las fregonas para mandarlas, en furgonetas de Aspromor, rumbo a Betanzos.

La entidad intenta buscar actividades que mantengan ocupados a los usuarios y que les permitan desarrollar sus habilidades accediendo luego muchos de ellos al centro de empleo. Probaron suerte con la instalación de un servicio de limpieza de coches: «No había demanda a diario, y ellos necesitan una rutina, un trabajo diario».