Este nuevo espacio público se proyecta en el medio del ?barrio como un gigantesco tapiz de césped, cemento y juegos
24 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La Praza Nova se erige majestuosa en el centro de A Gándara, un barrio que, con más de 7.000 vecinos, ha experimentado un impulso urbano asombroso durante los últimos diez años. Con el incentivo de los centros comerciales circundantes, Odeón y Alcampo, la zona se ha convertido en la más concurrida de Narón. Por la mañana, los más veteranos se ejercitan en los juegos de mayores y charlan en los bancos de madera de uno de sus extremos. Por la tarde, una auténtica legión de niños se divierte en la zona infantil.
La plaza es un pulmón que da respiro a las personas que se acercan a disfrutar de su encanto. Los vecinos están orgullosos del paraje, aunque precisan que «hay muy pocas zonas verdes en A Gándara, porque se está construyendo masivamente», dice Belén, una usuaria. Y es que el impacto, tanto del polígono industrial cercano como de los nuevos edificios, ha modificado notablemente el trazado urbano del área. El tráfico y el aparcamiento son dos de los problemas más graves.
José Luis Figueira, que acude con sus hijos a menudo al parque, señala la necesidad de «incidir más en la limpieza, porque parece que no le pasan la escoba en toda la semana». El botellón, que en ocasiones organizan algunos adolescentes en una de las esquinas de la instalación, es otro de los problemas a superar, aunque «no molesta mucho», dice Rocío Sanjuán.
Los comerciantes, que cuentan en sus proximidades con la férrea competencia de las grandes superficies, ven en general como algo beneficioso para el pequeño comercio especializado esa pugna. Carmen Campos, trabajadora de una óptica, asegura que «el crecimiento industrial y comercial ha influido positivamente en la zona».
Pero comprarse un piso en este barrio parece algo inalcanzable para una pareja joven. Vanesa Carballeira y Juan Pazo, de 25 y 24 años respectivamente, dicen que «aunque sean de segunda mano, están muy caros. Esta zona es ahora bastante más cara que Ferrol, no nos lo podemos permitir», afirman.
El corte del paso a nivel de los alrededores ha dado lugar a una curiosa denominación: La cuesta del colesterol. Así definen los vecinos el paso provisional habilitado para que los viandantes superen las vías del tren. El túnel subterráneo que se está construyendo es el culpable del original topónimo.