A Frouxeira se queda sin Coyote

FERROL

Una decena de operarios iniciaron ayer la demolición del local de Valdoviño, sobre el que pesaba una sentencia judicial; muchos vecinos no quisieron perderse la cita

14 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

«Saber, sabiámolo, pero no fondo, sempre pensamos que non o ían tirar», comentaba ayer resignada una mujer en A Frouxeira. La noticia adelantada hoy por La Voz de la demolición del Coyote, un local de hostelería situado tan en primera línea de playa que le valió una sentencia judicial que ordenó su demolición, cogió por sorpresa a los vecinos de Valdoviño, pese a ser la crónica de un derribo más que anunciado. Por melancolía, unos, y por simple curiosidad, otros, fueron varios los que se convirtieron en espectadores de lujo de las últimas horas del establecimiento.

Los trabajos para tirar el Coyote, que corren a cargo de la empresa Tragsa, empezaron a primera hora de la mañana con el desmantelamiento del tejado. Ignacio Ligero, jefe de obra, explicó que la cubierta, al estar hecha de fibrocemento (que contiene amianto), tuvo que ser retirada en primer lugar, ya que implica la toma de unas medidas de seguridad a mayores.

Con la cocorota al aire, el Coyote recibió a lo largo de la mañana continuas visitas de técnicos, antiguos clientes y simples fisgones. Se acercaban, lo miraban, lo volvían a mirar, incrédulos de que unas horas más tarde del Coyote no fuese a quedar nada.

Sobre las tres y media de la tarde, la pala de la empresa Tragsa le metió mano al establecimiento hostelero. Ignacio Ligero señaló que hoy ya terminarán los trabajos de demolición. «Se trata de una infraestructura sencilla, por lo que dos días son más que suficientes», indicó. Sin embargo, Costas no prevé hasta dentro de quince días dar por finalizada la obra, ya que después del propio derribo hay que realizar una serie de trabajos para integrar esa zona, ya vacía, en el resto del entorno.

La decisión de Costas de tirar el Coyote, al estar situado sobre dominio público marítimo terrestre, no convence del todo a algunos vecinos, que se quejan de que se derribe este local, «mientras quieren hacer ahora unos adosados ahí adelante», comenta una chica. Afirma que era un lugar muy agradable para tomar un refresco, «por aquí no hay muchos más. El chiringuito que han hecho ahora nuevo es muy pequeño».

Otro señor que observa la cuenta atrás desde lo alto de un terraplén dice: «Xa era hora». Aunque confiesa: «Dáme un pouco de pena». Mientras tanto, la pala excavadora sigue a lo suyo. El Coyote, con sus orejas aún respingonas, acepta lo que le viene.