Con poesía hasta el final

FERROL

Junto a los epitafios más comunes, en las inscripciones funerarias de Catabois pueden leerse versos de Quevedo, citas bíblicas y dedicatorias de lo más curiosas

28 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

. Éste es uno de los epitafios más curiosos que se pueden leer en los camposantos de la ciudad. Pero no es el único.

Ferrol, con poco más de 75.000 habitantes, tiene diez cementerios. En el más grande -el municipal de Catabois, inaugurado el 12 de julio de 1945- hay 15.341 nichos, 14 panteones, 435 ceniceros y 93 urnas. Y muchos, muchísimos epitafios. A la entrada del camposanto, en la pared trasera de la iglesia, se pueden leer unos versos de Rosalía de Castro: De polvo y fango nacidos / fango y polvo nos tornamos /¿ por qué, pues, tanto luchamos / si hemos de caer vencidos? . Es sólo un anticipo de lo que uno se puede encontrar después, recorriendo las avenidas y calles del cementerio. Porque, junto a las citas más comunes - Nunca te olvidaremos ; Siempre te recordaremos ; Paz eterna ; Quererte fue fácil / olvidarte, imposible o el imprescindible Descanse en paz (D.E.P.)-, en las sepulturas del cementerio ferrolano hay mucha poesía escondida.

Gran parte de esos versos que adornan las inscripciones del camposanto fueron escritos por plumas ilustres. Es el caso de la tumba de Juan Ángel, en la que cual se pueden leer todas y cada una de las palabras de la Elegía a Ramón Sijé , del gran poeta Miguel Hernández. Empieza así: Yo quiero ser llorando el hortelano / de la tierra que ocupas y estercolas / compañero del alma, tan temprano . Esa misma sepultura también contiene unos versos de Francisco de Quevedo: Serán ceniza , más tendrá sentido / polvo serán , más polvo enamorado . Cerca de allí, en otra sepultura, los familiares de un vecino fallecido a los 39 años quisieron despedirlo con un precioso poema del revolucionario Che Guevara. Y por eso escribieron: Cuando yo muera / no me vengáis a llorar / nunca estaré bajo tierra / soy viento de libertad .

Pero en Catabois también hay mucha poesía de autores anónimos: familiares, amigos o compañeros que quisieron dejar constancia de su aprecio por los que ya no están con versos hilados por ellos mismos. A Andrés le enterraron en 1996, a los 71 años, y como despedida, en su lápida escribieron un poema en gallego que empieza así: Baixando do Machuco / ós prados de Feás / o vento semellaba / un neno lacazán / na fraga de Menáncaro / ás nubes atopou / e xuntos troulearon / por onde o Carballal . No muy lejos de allí, en otra lápida, se puede leer otra sentida dedicatoria: No será el tiempo / el olvido de todos cuantos te amamos / y si al perderte lloramos / al recordarte vivimos .

Además de poesía, el sentimiento religioso también late en Catabois. Así se explica la abundancia de citas biblícas inscritas en las lápidas. Xesús dixo: eu son a resurrección e a vida, o que cre en mín, anque morto, vivirá o Bienaventurados los que tienen puro su corazón, porque ellos verán a Dios son sólo algunas de las que se pueden leer.

Otras citas están llenas de significado. Son frases cortas, pequeños relatos, fragmentos de toda una vida. Uno de esos epitafios dice así: Nos querremos hasta el infinito / prometido está . En otro se escribió: Traté de alcanzar tu sonrisa y mis manos se llenaron de estrellas . Y uno más. Cortísimo. Sólo tres palabras para la mejor de las proclamas: Canto te quero .

Llegan al alma.