La vía de Catabois, clave para articular la circulación de entrada y salida de la ciudad, soporta un enorme volumen de tráfico
14 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.La AC-116, la prolongación de la carretera de Catabois, ha tenido el dudoso honor de figurar en el estudio estratégico de ruidos presentado recientemente por la Consellería de Política Territorial. Los datos de ese análisis, que sólo abarca el tramo entre el mismo lugar de Catabois y Valdoviño, provocan un cierto susto. Resulta que en algunas zonas de esa vía se superan los 64 decibelios de día y los 55 por la noche. Sabiendo que una persona no puede conciliar bien el sueño a partir de 30 decibelios y que una motocicleta suena a 40... es fácil suponer que muchos vecinos de la zona deben usar tapones.
Pero volvamos a la auténtica carretera de Catabois, la que une el lugar con ese nombre y el centro de Ferrol. Se trata de una de las vías claves para la circulación en la ciudad. Pese a la apertura del Acceso Norte, sigue siendo una de las mejores salidas para llegar a Valdoviño, Cedeira y los hospitales. También dispone de un acceso directo a la AP-9: ese por la calle Anduriña a veces adornado con baches que recuerdan al París-Dakar.
La vía sufre menos tráfico pesado del que padece la AC-116, pero siguen pasando por ella muchísimos camiones y aún más vehículos pequeños. ¿Cuánto ruido hay allí? Sin medidor de decibelios y en un momento cualquiera como el viernes a la una de la tarde, demasiado. A veces cuesta oír una conversación, así que de dormir la siesta mejor ni hablamos.
Pero el peor problema de la carretera de Catabois (y el del ruido no es pequeño) es que no está preparada para sobrevivir al volumen de circulación que soporta. La situación es especialmente peliaguda entre la calle Anduriña y el cuartel de la Guardia Civil. Allí hay un paso de peatones temido por los vecinos y los conductores. La visibilidad es malísima, y los coches aparcados no ayudan a advertir que alguien va a cruzar.
Esa tónica se repite en la mayor parte de la carretera, que se queda demasiado pequeña cuando coinciden dos camiones en algunos de los tramos en los que está permitido aparcar.
Los vecinos se han quejado en reiteradas ocasiones de la situación del vial, que consideran peligroso y mal adaptado a las nuevas necesidades del tráfico. Los atascos son habituales, especialmente en las horas punta cuando se incrementa el paso de camiones. En esos momentos el ruido aumenta desproporcionadamente y las prisas, lo que suele provocar altercados como el del viernes a las 13.30 cuando frente al cuartel de la Guardia Civil se gritaban desde dos turismos un joven, que circulaba hacia Canido, y tres chicas que entraban en la carretera desde la calle Virgen de la Cabeza.
-¡Pero serás gilipo...! ¡Pero no ves que tienes el semáforo en rojo!
-¡La culpa es tuya niñata, que ni miras lo que haces!
Sin entrar en polémicas, el conductor llevaba razón. El semáforo en rojo era el correspondiente a la dirección de bajada por Virgen de la Cabeza, el que autoriza a continuar hacia Canido (hacia donde circulaba) estaba en verde hierba. Ahora bien, tampoco es como reprochárselo a ella. En ese cruce es difícil enterarse bien de algo.