El asesino de la joven de Valdoviño, antes del crimen, preparó citas con otras tres chicas, todas ellas del mismo nombre
30 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Ha pasado más de un año del asesinato de Mar Becerra Muiños, la joven valdoviñesa que perdió la vida a manos de un albañil en un edificio de Cedeira. Muchos cabos sueltos de la investigación han quedado atados por la Guardia Civil pero resta todavía por aclarar un hecho sorprendente. Francisco Javier Prieto Santamarina, el hombre que acabó con la vida de Mar en julio del 2006, que espera el juicio en la cárcel de Teixeiro, trató de montar la misma celada a otras tres chicas, que salvaron sus vidas al no caer en el engaño. Las tres se llaman Iria, también con edades parecidas a la de Mar, unos 28 años.
Parece que halló sus teléfonos a través de un semanario de ofertas de empleo en el que las Irias publicaron sus datos y profesiones. Ahora el juez de Ortigueira considera que estas chicas deben dar su versión sobre lo ocurrido. Como son de cerca de Ferrol les facilita su comparecencia mediante un exhorto a los juzgados de la ciudad para que puedan declarar sin ir a Ortigueira. Son las últimas diligencias para cerrar la causa y enviarla a la Audiencia. Prieto Santamarina será juzgado por un tribunal popular.
Una de las tres chicas de nombre Iria, de Moeche, acudió al mismo edificio donde Mar Becerra fue asesinada. Pero la acompañaba su padre que, al ver cosas raras en la cita, optó por llevarse a su hija.
El segundo es una joven también de Valdoviño, lo mismo que Mar, que no llegó a concretar mucho el encuentro por diversas circunstancias.
La tercera también acudió a Cedeira. El albañil le pidió que lo esperase en la parada de buses. En este caso fue Prieto el que no se presentó.
El instructor ha citado asimismo al novio de Mar, que fue la última persona (salvo el asesino) que la vio con vida. La dejó aquella tarde en el portal del edificio cedeirés pensando que iba a pasar la noche cuidando los niños de un guardia civil que tenía servicio nocturno. Con esta treta la había engañado Prieto. Su cadáver aparecería días después en el sótano del edificio.
La posible condena
El fiscal ya se ha pronunciado imputando un delito de asesinato por lo que puede ser condenado a penas entre 15 y 20 años. La letrada de la familia, Mónica Rodríguez García, secunda al fiscal.
El letrado de la defensa, un abogado asignado del turno de oficio, sugiere que en todo caso se trata de un homicidio. Sostiene que no hubo premeditación y que todo se desencadenó rápido cuando Mar, al darse cuenta del engaño y de la pretensión de Prieto de abusar de ella, se revolvió en su contra. Él perdió los papeles y la estranguló. Además, sugiere la defensa, existen indicios de que el sospechoso sufre trastornos psíquicos.
Tres forenses varios psiquiatras del Instituto de Medicina Legal desmienten esta versión y sostienen que Prieto Santamarina sabía perfectamente lo que hacía y por tanto es imputable. Incluso durante las entrevistas a que fue sometido por los forenses reconoció que había matado a Mar y que sabía que tendría que pagar por ello. Este informe sobre el estado mental concluye que no padece patología psiquiátrica alguna que modificase de forma sustancial los fudamentos psicobiológicos de la imputabilidad.
Los forenses también le han detectado cierta amnesia selectiva. Es decir, que recuerda perfectamente lo ocurrido antes y después del crimen pero cuando se le pide concreción y detalles de cómo la mató responde con divagaciones.
En los últimos tiempos Prieto Santamarina ha dicho que podría contratar un abogado y prescindir del letrado del turno de oficio.