Caamouco, lugar de cultura

Lucía Vázquez

FERROL

La agrupación instructiva ha trabajado desde sus inicios para llevar el aprendizaje a todos sus vecinos

13 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Corría el año 1911 cuando los emigrantes en La Habana de San Vicente de Caamouco decidieron formar una agrupación instructiva para ayudar a los vecinos que se habían quedado en el pueblo.

Tanto fue así, que dos años después, Nicolás Noche, delegado de la agrupación en Caamouco, con la colaboración de la Junta Directiva de La Habana, construía una preciosa escuela en la parroquia. Una casa de indianos que acogería a todos los niños y niñas de San Vicente. El colegio pertenecía a un movimiento de recuperación de la enseñanza gallega propiciada por los emigrantes, quienes proporcionaban el material didáctico necesario para los alumnos de forma gratuita. «Tenemos mucho apego a la emigración, pues nuestro pueblo la vivió», decía Benigno López, uno de los directivos actuales de la agrupación, recordando una frase que pronunciaban los que marchaban: «Adiós Redes de mi vida, la popa te voy virando. La despedida fue buena, el regreso no sé cuando».

Con la Guerra Civil, la situación del edificio cambió y pasó a ser Nacional y los profesores estaban pagados por el Estado. Circunstancias que se mantuvieron hasta 1973, coincidiendo con la apertura de un centro escolar en Ares, que fue amueblado con las pertenencias de la escuela y agrupación de Caamouco, dejándola totalmente desmantelada.

Fue en este contexto, cuando en 1988 un grupo de vecinos decidieron hacerse cargo del edificio y de la agrupación, para recuperar la ilusión por mantener viva la única sociedad instructiva que seguía en manos del pueblo. Lo primero que hicieron fue elegir una nueva directiva, compuesta actualmente por once miembros, así como restaurar el edificio que con tanto cariño habían construido los emigrantes de Caamouco, un proyecto de gran envergadura que sigue en proceso.

En la actualidad es una sociedad de cultura, creando cursos (bolillos, pintura, gaita, cocina, fruticultura, restauración de muebles...) y actividades. «Hacemos sardiñada, magosto, queimada, bailes y colaboramos con la iglesia, el club de tenis y el de remo», explicaba Antonio Vilar, directivo, más conocido como Tucho.