Pasión por lo clásico en el Cantón

Luís A. Núñez redac.ferrol@lavoz.es

FERROL

18 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Algo más que una afición. Eso es lo que siente la ferrolana Ana Romero por aquellos que considera como sus «hijos». Se llaman Peugeot, Volvo y Alfa Romeo. Pero no se confundan, esta mujer lo explica a su manera: «A mí no me gustan los coches, sin embargo estos me apasionan». Y no es para menos, Parte de su colección rebasa con creces su propia edad. Ana, su marido y sus dos hijos participan este año en el séptimo rallie Teresa Herrera de Automóviles Históricos. Se trata de una cita que ayer llenó hasta la bandera el Cantón de Molins de colecciones, coleccionistas y, como no, curiosos. Y es que a ver quién se podía negar ayer a pasear entre un Seat 850 Spider del año 1970, o un Peugeot de 1938 como el de Ana. «Es anterior a la Guerra Mundial», comenta. Esto es lo que convierte a este clásico en todo una rareza. «Y está como salido de fábrica», apunta. El Volvo 440 de 1958 y un Alfa Romeo de 1963 que plantaron en Ferrol ayer completan la historia de su garaje.

Primera cadena de montaje. La Mirilla se encontró ayer en el Cantón con otro conocido ferrolano, el empresario Fernando Reyero, quien llegó a este lugar a los mandos de un Ford T Roadster. Una joya de la mecánica que data de 1920 y que se convirtió en el coche más antiguo que rodó ayer por la urbe. «Era el del Gordo y el Flaco», recuerda su propietario, quien conserva una colección de seis coches antiguos y ocho motos. Son su gran pasión. «Le dedico las veinticuatro horas del día», cuenta, «porque siempre tengo un momento para pensar en los coches». Sus 2.800 centímetros cúbicos y 21 caballos lo convirtieron en el vehículo que hizo eclosionar el bum automovilístico en los Estados Unidos. «Su precio era de 480 dólares», recuerda Reyero.

Recepción institucional. Ante tan ilustre visita, el alcalde de esta ciudad, Vicente Irisarri, recibió ayer con todos los honores a una representación de participantes en este singular encuentro de clásicos. Ataviados con trajes de época, varios miembros de la directiva del club Coruña Veteran Car, organizador del evento, saludaron al alcalde en el palacio municipal. Pero esto no acabó así, durante la jornada de ayer, los propietarios del medio centenar de coches aparcados en el Cantón se pasearon por Amboage ataviados para la ocasión acorde con sus vehículos. Y la comitiva partirá hoy en dirección a A Coruña. Allí harán lo propio hasta clausurar el encuentro a primera hora de la tarde, con la entrega de premios. Además, el lunes sortearán un Seat Spider entre los que hayan adquirido alguna de las rifas que la organización pone a la venta durante la celebración del encuentro. Una joya de los años setenta ideal para iniciarse en esta afición.

Fuertes de arena. La Mirilla estuvo ayer también en la playa de O Cruceiro, en Ares. Allí se disputaba una nueva edición del concurso local de castillos de arena, organizada por la concejalía de Cultura de Ana Fernández. Y allí se plantaron también, cubo y pala en mano, unos 140 niños -y mayores, que también los hubo-. Huelga comentar aquí que tanto unos como otros se lo pasaron como verdaderos enanos y que, entre tanta gente, la edición de este año destacó por la calidad de las construcciones que llenaron el arenal. Tres personas escogidas al azar fueron las encargadas de integrar el jurado. Éstas fueron Teresa María Rúa Pérez, Enma Miranda Varela y Ángel Matilla Carro. Al acabar la mañana, el dictamen concedió los primeros premios a Julia López, Montserrat García e Isabel Sanjuán (un grupo de madres de los propios participantes que se animaron a retar a sus hijos) fueron las vencedoras en la categoría de mayores de 16 años. Vanesa López, Nuria Rioseco y Rocío Antón se llevaron el premio para los de 11 a 15 años. En la franja de 6 a 8 años, los mejores fueron los hermanos Xavi y Jon Quintás. Y entre los más pequeños destacaron Isabel Maceiras, Almudena Bastida y Sofía Arguiz.