FERROL | La playa de A Graña, en Ferrol, registra a diario la llegada de numerosos bañistas que, huyendo de los arenales masificados, buscan la tranquilidad de una cala que, siendo artificial, cumple con todas las expectativas. No registra la misma afluencia el paseo marítimo que linda con la playa. Y no porque no haya vecinos y turistas deseosos de caminar por esta zona o cobijarse bajo la sombra de un árbol. La maleza se come el paseo desde hace semanas, y las verjas provisionales de seguridad en el tramo donde se produjeron los derrumbes de tierra, impiden el paso en la mayor parte del trayecto.
La clarificación legal de las competencias administrativas en esta zona -demanda de propietarios y de la asociación de vecinos del lugar-, donde durante agosto del año pasado se derrumbó parte de un talud, es la única vía para que el paseo recupere la utilidad para la que fue concebido.
De hecho, las alambradas que cercan la zona impedían el acceso al arenal desde un atajo que confluye en la playa -procedente de la cuesta de la villa-. Los bañistas han tenido que separar un poco las verjas para poder colarse y entrar directamente en el arenal, sin tener que dar un gran rodeo.
Limpieza por las fiestas
La maleza no es la primera vez que se queda a vivir unos meses en el paseo marítimo de A Graña. Sin embargo, dos usuarias de la playa y vecinas de la calle Real Alta recuerdan que una brigada de operarios siempre acudía por estas fechas, en las que la villa está de fiestas -hoy celebran el patrón- a limpiar la zona y ponerla en mejores condiciones. Al menos, hasta la tarde de ayer esto no había ocurrido.
Los restos de una farola rota también yacen sobre el firme de piedra. Es una pena que, siendo el paseo marítimo el escaparate de la playa, éste no muestre la mejor cara de la villa. Pese a todo, A Graña se viste hoy de gala para vivir sus fiestas, que desde hace años no se celebraban.