Insolación de percebes

FERROL

Pese al calor sofocante, Cedeira se convirtió en un hervidero de personas ávidas de saborear un buen puñado de crustáceos

05 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

CEDEIRA | El sol abrasador que ayer pegaba sobre la carpa instalada en la explanada portuaria de Cedeira bien habría podido cocer los dos mil kilos de percebes que se despacharon en el primer día de la fiesta más deliciosa de la localidad. Miles de personas ávidas de saborear un buen puñado de este crustáceo desafiaron a las altas temperaturas y abarrotaron ya desde el mediodía, momento de la inauguración, el recinto de la fiesta.

Si existiese un manual para actuar con acierto en una degustación gastronómica de este tipo recomendaría, seguro, ir sin prisas. No es llegar y besar el santo, hay que esperar una cola, que según el momento del día, llega a ser considerable.

Sin embargo, la espera por los percebes merece la pena. Los hay que los comen despacio, como saboreándolos. Otros apenas descansan entre uña y uña. Y algunos aprovechan y se llevan una bandejita para casa.

Turistas

La heterogeneidad de acentos que se escucha en la carpa del muelle cedeirés evidencia que se trata de una fiesta con capacidad de atracción. Prueba de ello es la familia Gil, procedente de Valencia. Juan José, el padre, que es músico, explica que están estos días de vacaciones en A Coruña: «Vine a Galicia con mi grupo para hacer un intercambio con una coral».

Unos amigos les recomendaron que, tal día como ayer, se acerasen a degustar la creme de la creme del marisco. «Ya los habíamos tomado antes, pero nunca en tanta cantidad, claro», comenta. De paso que acudieron a Cedeira, la familia aprovechó para visitar otro de los atractivos de la zona, el santuario de San Andrés de Teixido.

Al otro lado del mostrador desde donde se despachan los percebes, la empanada, el pulpo y el albariño, trabajan como hormiguitas cerca de cuarenta personas. Muchos de ellos jóvenes que aprovechan esta ocasión para sacarse unos ahorrillos.

El sol apenas mermó la afluencia de público durante el arranque de la fiesta. «Hay mucha gente, la misma que otros años, aunque la hora punta son las siete de la tarde, cuando se abandonan las playas», señala uno de los organizadores.

Para hacerse una idea del éxito del encuentro, sólo hay que echar mano de las cifras. A las dos de la tarde de ayer ya se habían despachado 500 de los 2.000 kilos preparados para esa jornada. Hoy está previsto repartir otros tantos.

«¡Están buenísimos y no son nada cativos!», grita una señora. A su lado, un niño pequeño se pelea con una uña de importantes dimensiones, que se venga salpicándole en la cara. Ni se inmuta, se relame hasta que le hinca el diente. Bendito marisco.