Reportaje | El sector cunícola en la comarca Escasean en la zona las granjas que crían estos mamíferos porque en Galicia apenas se consume su carne; en Monfero hay una que vende 32.000 al año al Levante
02 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.?riste vida la de los conejos. A esta conclusión derrotista se llega cuando se conoce el funcionamiento de una granja cunícola. En la comarca hay pocas. Una de ellas está en Alto Xestoso, Monfero, y allí trabajan Celestino Pardo, su esposa Carmen Souto y el hijo de ambos Iván. Se dedican a criar miles de conejos que a la tierna edad de dos meses abandonan su hogar para tomar rumbo al matadero, y de allí a supermercados Mercadona de Levante y Barcelona. En la granja, setecientas reproductoras se dedican a lo suyo de forma intensa. Están en una nave, aparte del resto, llamada de partos. Dentro se escucha una relajante música procedente de un aparato de radio. «É para que se acostumbren ao ruido e cando chegue a época de inseminación non se asusten», cuenta Carmen. Es importante que la conejo esté relajada y tranquila cuando toque inseminación. Este proceso, que cuesta 480 euros, lo realiza el propio Celestino once días después del parto de cada coneja. Y así toda su vida hasta que son mayores. El ritmo de producción está marcado al milímetro de modo que cada 42 días -exactamente el mismo tiempo que dura un embarazo- sale un cargamento de aproximadamente cuatro mil conejos rumbo al mercado. Al año, la granja de Carmen y Celestino vende 32.000 individuos de esta especie especialmente apreciada en las mesas del Levante y Cataluna. «É a carne máis sa que hai, sen grasa nen colesterol e con moita proteína, pero en Galicia case non se consume», resume Celestino. En la explotación existe otra nave más, aparte de donde las reproductoras escuchan música y se dedican a procrear. Al segundo recinto van las crías cuando ya están más creciditas y sólo deben concentrarse en comer bien y engordar. Celestino y Carmen relatan que los animales comen piensos elaborados con cereales y alfalfa que, por cierto, les salen por un ojo de la cara. Ahora mismo es uno de los grandes problemas del sector cunícola español. Celestino explica que desde que comenzó el año pagan 25 euros más por tonelada. En número redondos, la granja consume al año 250 toneladas de comida para los conejos, por cada una de las cuales están pagando 245 euros. O sea, que la broma supera los 60.000 euros anuales. ¿Por qué están por las nubes los piensos? Por el incremento del precio de los cereales, principal materia prima de las plantas que fabrican bioetanol (alternativa a los combustibles elaborados con derivados del petróleo) y que están proliferando por toda España. Hay mucha demanda, por tanto los precios se disparan. «O negocio a verdade é que vai mal», reconoce el cunicultor. No sólo porque pagan más por el pienso para los conejos. También les ocurre como a los productores lácteos, que están vendiendo por debajo del coste de producción, es decir, «estamos perdendo cartos». Celestino explica que el mercado les está pagando el kilo de conejo vivo a 1,19 euros, cuando hace unos meses esa cifra rozaba los dos euros. ¿A qué se debe? El productor indica que lo desconoce. No es, asegura, porque venga mercancía de otros países que producen más barato (como pasa con la leche y con otros objetos de consumo). Luego aclara que en esta época suele ser habitual que los precios se caigan por un exceso de producción. Pero esta pareja capea el temporal y continúa en un negocio al que se lanzaron en 1998. Ahora pertenecen a la cooperativa Cunigalicia, con 34 asociados en toda la comunidad, a través de la cual comercializan sus animales. Especie de laboratorio Estos conejos predestinados al consumo son híbridos, creados genéticamente en un laboratorio de la Universidad Politécnica de Valencia a partir de varias especies diferentes. Dentro de unos días, Cunigalicia inaugurará un matadero en Celanova. Allí irán a parar todos los conejos de los socios, que luego serán transportados a Tarragona para ser despiezados y distribuidos. Hasta ahora, los animales iban directamente a Tarragona, donde también se les daba muerte.