Los farmacéuticos afirman que la demanda todavía es limitada La zona es la segunda de Galicia en la que más compuestos de esa clase se despachan
18 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.?a venta de medicamentos genéricos es todavía poco significativa en Galicia, que sigue siendo la «última o penúltima» comunidad autónoma española en comercialización de esos productos, según los datos que maneja Fernando Guerreiro, presidente de la Federación Gallega de Farmacias. Sin embargo, el gasto farmacéutico varía de forma importante en las diferentes urbes gallegas y, según los datos hechos públicos por el Sergas, Ferrol es la segunda ciudad gallega con más gasto en genéricos, por detrás de A Coruña. Del total de volumen de negocio, los genéricos suponen el 4,45% en Ferrol, mientras que en A Coruña el porcentaje asciende hasta el 4,65%. Ambas están por encima de la media gallega, que es del 3,70%, y es preciso destacar que ninguna otra urbe de la comunidad, incluyendo Vigo y Santiago, alcanza el 3,8%. La media europea es del 15%. Fernando Guerreiro atribuye el mérito de la pujanza de los genéricos en Ferrol a los médicos y a las campañas del Sergas para impulsarlos y contener el gasto sanitario. Los boticarios pueden hacer poco directamente para promocionarlos, debido «a la última ley del medicamento». Demanda en aumento Tanto Fernando Guerreiro como varios farmacéuticos consultados señalan además que la demanda de estos productos aumenta cada vez más en la ciudad. Es el caso de la farmacia Carmen Torres, en Esteiro. «Sí que se nota un incremento de la demanda -asevera-, aunque todavía no es muy elevada». Los genéricos son medicamentos sin marca, que sólo pueden comercializarse cuando vence la patente del producto. Están avalados por el Ministerio de Sanidad y contienen el mismo principio activo y composición que los medicamento originales. Su principal ventaja es que son más baratos. Los genéricos han sido criticados por parte de la industria farmacéutica, que señala que su promoción podría limitar la inversión en investigación, debido a su bajo precio. También deben vencer la reticencia de los usuarios. De eso sabe bastante Carmen Torres. «Hay que convencer a los clientes de que son lo mismo, y de que los cambios en la coloración de las cajas no tiene nada que ver con el medicamento». El apego los usuarios a sus pastillas de toda la vida es muy fuerte, y la desconfianza amplia. Eso obliga a los boticarios a tener «hasta seis marcas de la misma medicina», según explica Torres, ya que la gente quiere la suya. Esa circunstancia acarrea problemas de almacenamiento y distribución en los establecimientos.