«Non nos deixan medrar, se é hoxe, non empezo»

F. Fernández FERROL

FERROL

CÉSAR TOIMIL

Reportaje | Nuevas incorporaciones de trabajadores a las granjas de vacas de la comarca María José se dio de alta como socia de su marido José Manuel en su granja de Moeche; toda la ilusión desbordante del principio se ha quedado por el camino

31 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?l año pasado, las explotaciones ganaderas de la comarca dieron de alta a 24 nuevos trabajadores, de acuerdo con los datos por concellos facilitados desde la Consellería de Medio Rural. Se trata de toda una novedad en un sector eternamente en crisis que tiende hacia el abandono de la actividad. Tiene una explicación. Estas contrataciones están subvencionadas por la Consellería de Medio Rural y, en la mayoría inmensa de los casos, el que se incorporó a la granja como trabajador es la esposa o el hermano del propietario de la explotación. Exactamente este es el caso ocurrido en la granja Porto da Pena, en Moeche, que produce 430.000 kilos de leche al año que vende a la fábrica de quesos Lácteos de Moeche. José Manuel Pena Pérez, de 35 años, es el titular y su mujer María José Dopico Currás, de 36, se dio de alta el año pasado como socia de su esposo. Lo hizo por dinero, por una subvención de 22.000 euros, que, al final, se ha quedado en 13.200 por limitaciones presupuestarias y que la pareja aún no ha cobrado. A cambio de esta ayuda, María José debe permanecer cinco años ligada a la sociedad y acudir semana sí semana no a Ribadeo a un curso de formación de 275 horas en el que tiene que escuchar de los profesores: «A maioría vades ter que pechar co tempo», relata la ganadera. Era lo que le faltaba por oír a María José, que lleva once años dando el callo con su marido para sacar adelante la explotación. No era socia, pero se pagaba un seguro privado que aún conserva. Las palabras se atropellan en la boca de este joven matrimonio que en lugar de abrir un bar en Ferrol o probar suerte en Santiago, por ejemplo, se compraron una granja en Moeche para vivir del campo y trabajar en lo que de verdad le gustaba a José Manuel. «Non nos deixan medrar, se é hoxe non empezo». Esta frase resume bien lo que pasa por la cabeza del ganadero, nacido en Moeche y que a los 16 años entró a trabajar como empleado en la explotación Porto da Pena. Cuando el dueño la puso a la venta, él y su esposa -de Ferrol, y que nunca en su vida había visto una vaca- se lanzaron de cabeza a la aventura y se hicieron propietarios de una finca de cinco hectáreas. Dicen que lo deben casi todo aún, incluida la cuota que tuvieron que comprar poco a poco para aumentar producción. Ahora cuentan con un tope de 430.000 kilos al año y 130 cabezas de ganado vacuno, de las que la mitad están dando leche. Con este negocio ganan limpios al mes 2.000 euros para ellos y para su hija de 8 años. No hay tierras de cultivo Y tienen muy difícil crecer. Para prosperar es necesaria más cuota de producción, pero resulta difícil conseguirla incluso comprándola. Luego, hay otro problema: quieren arrendar tierras para cultivar forraje y no las encuentran. No hay. Sólo quedan montes. Disponen ya de sesenta hectáreas alquiladas en Cerdido y otras 17 en As Somozas con máiz y algunas terneras para recría y para la venta. Además, en Espiñaredo cuentan con cinco hectáreas más con hierba para el ganado. A punto de desistir Decenas de piedras en el camino de este joven matrimonio emprendedor que un día, hace tres años, pensó en tirar la toalla, vender todo, pagar las deudas, e irse a la gran ciudad como lo demás. «Yo lo convencí para seguir porque sé que se hunde sin las vacas», confiesa María José. Por eso seguirán adelante, aunque tengan que oír palabras de desánimo por parte de los profesores del curso de formación, soportar la desconfianza de los inspectores de la Xunta que comprueban periódicamente que cumplen escrupulosamente su cuota láctea, aunque todo sean obligaciones y pocas satisfacciones, aunque no puedan aumentar producción, ni cultivar más tierras, ni darse el gusto de meterse en un cine por falta de tiempo. «É unha triste miseria», se lamenta José Manuel.