Reportaje Entre las paredes de las aulas universitarias no sólo palpita la enseñanza y la investigación: el arte de la interpretación y sus secretos también han conseguido hacerse un hueco
15 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.?n el segundo piso de la Escuela de Relaciones Laborales del campus de Esteiro hay un aula que dos veces por semana sufre una extraña metamorfosis: el estrado del profesor se convierte en escenario y el espacio que habitualmente ocupan sillas y pupitres se transforma en un improvisado patio de butacas. El misterio tiene su explicación. En esa clase ha establecido su cuartel general el Aula de Teatro de la Universidad de A Coruña. Y allí han acudido puntualmente durante las últimas semanas los alumnos del primero de los cursos que este año se imparten en Ferrol. La experiencia duró tres meses y el balance no podría ser mejor. Las clases reunieron a personas de mundos muy distintos. Rafael, un marino mercante de «50 tacos» al que siempre le picó el gusanillo del teatro, es una de ellas. «Ahora dispongo de más tiempo libre, así que decidí apuntarme para tener una experiencia diferente», comenta con una sonrisa en la boca al final de la última clase del curso. «¿Que qué me ha aportado? -exclama a renglón seguido- ¡Pues muchísimo! He conocido a gente, me lo he pasado muy bien y, a nivel personal, me ha ayudado a vencer mi timidez natural». Junto a Rafael, asintiendo a todo lo que dice, se encuentran Concha y Cristina. La primera, jubilada de Correos de 58 años; la segunda, estudiante de la UNED con 24 primaveras a sus espaldas. Dos personas muy diferentes, pero con una misma pasión: la interpretación. «Yo siempre he sido muy teatreira; hacía monólogos en bares, pero me faltaba la formación, tener una base, y aquí la he encontrado», explica satisfecha Cristina. A Concha, que en el pasado ya hizo sus pinitos en el teatro aficionado, el curso le ha ayudado a sacar de dentro «la valentía que siempre hace falta para subirse a un escenario». Casi todos piensan repetir la experiencia. Y animan a quienes les gusten las tablas a seguir sus pasos. «Que se olviden de las vergüenzas y prueben la experiencia -recomienda Concha-; el teatro no sólo ayuda a vencer la timidez, también es una terapia estupenda para conocerse mejor a uno mismo».