Entrevista | Iago García Vivió en la calle de la Tierra, estudió en Ferrol Vello y un buen día decidió emigrar a Londres; allí descubrió que quería dedicarse a la interpretación... Y cumplió su sueño
12 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.? las seis de la mañana se produce la metamorfosis. Las luces se encienden, la cámara empieza a grabar y entonces Iago García (Ferrol, 1979) deja de ser él mismo para convertirse en Ernesto, el malo malísimo de Amar en tiempos revueltos , la telenovela de la primera que cada sobremesa acerca al espectador a la España sentimental de la posguerra. -Muy a gusto, porque encuentro que es un personaje muy divertido. Ernesto tiene muchas ambivalencias y no apunta siempre a la misma dirección. Puede parecer encantador, pero, al mismo tiempo, para conseguir lo que quiere, puede ser muy retorcido. -Sáquenos de dudas. ¿Cómo irán las cosas entre él y Elisa, su mujer? -No os puedo contar mucho, porque la gracia es ver la historia día tras día. Lo que sí puedo decir es que Ernesto, en el fondo, tiene su corazón y eso se va a ver. Pero sobre todo se va a ver lo malo que puede llegar a ser, sobre todo si alguien se interpone entre él y Elisa. El final de la temporada va a ser muy, pero que muy intenso. -De Ferrol a grabar una serie de ficción de éxito nacional hay un largo trecho. ¿Cómo fue el camino? -Pues un camino de mucho trabajo. A los 18 años me marché a Londres porque no sabía muy bien qué iba a hacer de mi vida. Tenía que apuntar a algo y lo único que me llamaba la atención era la interpretación. El actor, como las monjas, tiene que sentir la llamada. Y yo la sentí allí, en Londres. Así que ya no regresé a Ferrol, sino que me fui a Madrid y estudié arte dramático durante cuatro años. -Después vendría lo difícil, ¿no? -Los comienzos fueron muy duros, porque a nivel económico estaba muy mal. Cuando terminé de estudiar arte dramático me propuse vivir exclusivamente de la interpretación y hubo épocas que sobrevivía con apenas 500 euros al mes, algo muy difícil en una ciudad como Madrid. Después me empezaron a salir trabajos de teatro independiente y de calle y eso fue mi salvación. -Y después de eso el éxito de «Amar en tiempos revueltos» ¿Cómo es ahora su vida? -Prácticamente no hago otra cosa que trabajar. El rodaje empieza a las seis de la mañana y termina a las seis de la tarde, pero después aún tengo que memorizar y preparar el guión del día siguiente. Hay que tener en cuenta que grabamos un capítulo al día y eso es muchísimo trabajo. -¿Siente morriña de Ferrol? -Sí. Echo de menos las pequeñas cosas, como la tranquilidad de la gente, las gaviotas y, sobre todo, el olor del mar.