Sin freno, ni conductor, ni gas

Xosé Vázquez Gago
Xosé V. Gago FERROL

FERROL

CÉSAR TOIMIL

Crónica | Un peculiar accidente Un vehículo vacío se precipitó ayer por culpa de un despiste por una de las aceras de la calle de la Tierra; destrozó una tubería de combustible, lo que obligó a cortar la circulación

14 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?esbocado por la falta de conductor, un Seat León negro se precipitó ayer por la cuesta de la calle Tierra. Eran cerca de las once y media de la mañana y el coche, tras recorrer cuarenta metros subido sobre una de las aceras, se detuvo tras llevarse por delante varias tuberías. La mala suerte quiso que una de ellas fuese una conducción de gas natural, por lo que el combustible comenzó a invadir la calle. «No se podía ni respirar», explicaron varios vecinos. El escape de gas causó la alarma en la zona. La Policía Loca cerró la circulación de entrada desde la plaza de Canido, y también se evitó que los peatones paseasen por allí. Mientras, los bomberos hicieron lo posible para controlar la situación, y cerrar las fugas de agua de otras tuberías destrozadas. La situación se calmó definitivamente cuando llegaron al lugar los empleados de la empresa encargada de cerrar la fuga de gas. Eran tres, vestidos con los habituales monos azules y más tranquilos que una monja de clausura. Vieron la conexión, buscaron la llave y cerraron el gas: fin del peligroso escape y, poco después, el corte de tráfico. Desde ese mismo instante, la atención de los curiosos y de la policía cambio de blanco. Se trataba de buscar al dueño del coche y de saber cómo es qué se había lanzado solo cuesta abajo. Un despiste peligroso La intriga no duró demasiado tiempo. Al dueño terminaron por encontrarlo por teléfono en menos de un cuarto de hora. Lo ocurrido resultó fruto de un despiste. Según la policía, el freno de mano no estaba puesto. Su dueño lo había dejado aparcado en la plaza de Canido, justo en la parte más alta de la calle Tierra y con el morro hacia la cuesta abajo. Bastó que su propietario se marchase sin advertirlo para que la fuerza de la gravedad se lo llevase cuesta abajo. La versión cambia, al menos un poco, en boca de uno de los amigos del propietario, que casualmente vive muy cerca del lugar en el que se detuvo el vehículo. «Me ha dicho -explicó- que sí que puso el freno de mano, pero que no lo levantó lo suficiente como para que pudiese aguantar al coche».