Como «una sala de fiestas»

La Voz L.A.N. | NARÓN

FERROL

Crónica | Recorrido por las instalaciones

08 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El silo principal de la molienda de Castro parece cualquier cosa menos lo que es: un depósito de clínker. Es por esto que no es de extrañar que el alcalde Xoán Gato sugiriese, al acceder a su interior, que «se podía alquilar como sala de fiestas». Pero nada más lejos de la realidad, una vez que llegue el primer cargamento de materia prima, el enorme depósito de 50 metros de planta por 30 de altura quedará debidamente clausurado. Un sofisticado sistema de transporte hermético y filtrado que se manipulará al dedillo desde la sala de control se encargará de todo el movimiento del clínker, desde el mismo momento en el que los camiones lleguen al punto de descarga hasta su mezclado en el molino y su posterior almacenaje, ya convertido en cemento. Además, desde la compañía se asegura que del circuito no saldrá «ni un grano de polvo». Por si acaso, los niveles de contaminación en el entorno se registrarán periódicamente desde sendas estaciones medidoras instaladas a las puertas de la fábrica, una, y en la casa más próxima, la otra. Para evitar posibles dudas sobre el derrame de productos contaminantes, Rafael Velázquez también argumenta que cada grano de clínker tiene mucho valor como para permitir cualquier fuga.