La gallina de los huevos de oro

Francisco Varela FERROL

FERROL

Consecuencias sobre el marisqueo Del deterioro de las aguas de la ría ocasionado por el crecimiento urbano de Ferrol y Narón, nuevas industrias y el puerto exterior que afecta al movimiento mareal, se advirtió hasta la saciedad

14 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?l conflicto marisquero que ayer tuvo su pistoletazo de salida era previsible desde hace una década y del problema de fondo no son responsables los mariscadores. El catedrático de Zoología Marina en la Universidade de Santiago y director de la Estación de Bioloxía Mariña de A Graña lo ha dicho con claridad: «Esto es la gallina de los huevos de oro». Porque es inexplicable que una fuente de recursos tan importante como los bancos de almeja de As Pías, que han venido dando trabajo a 400 personas, se hayan dejado deteriorar. A modo de ejemplo, sería inexplicable que Noruega no cuidase su bacalao o su arenque. Porque es difícil hallar en Europea ejemplos de tamaña indolencia de la que no se le puede responsabilizar, en exclusiva, al actual Gobierno. Hace más de una década que tendría que estar funcionando el sistema de depuración de vertidos a la ría. Es cierto que se trata de una obra de ingeniería muy compleja pero la indolencia de las sucesivas administraciones, en Galicia y en Madrid (¿y en Ferrol?) nos han traído a la actual situación. Gran parte de la almeja que se extraiga a partir de ahora en el interior de la ría (más de 500 toneladas anuales) tendrá prohibida su salida al mercado si no pasa un doble sistema de depuración. A la puerta Tampoco la Consellería, que devuelve la pelota a la Xunta anterior, estableció previsiones ante una realidad que estaba a la puerta. A nadie debe sorprender que nos hallemos ante la actual situación. La nueva normativa sanitaria europea busca, evidentemente, la protección del consumidor, anhelo en el que todos estamos de acuerdo. Pero habría que preguntarse qué ocurriría si por demoras administrativas la plantilla de Navantia dejase de cobrar su nómina o el funcionariado público de la provincia viese rebajados a la mitad sus sueldos. Por eso, con una llamada a la cordura de los afectados, el problema marisquero debe ser sentido como algo propio por quienes no vivimos del mar. La insensibilidad con que fueron tratados históricamente los perdedores de los ciclos económicos, de los sectores primarios o los marginados del crecimiento, tiene ahora su reflejo en estos colectivos de mariscadores, manejados tradicionalmente como monedas de cambio por el populismo peronista de otros tiempos. Por si la degradación paulatina de las aguas interiores no fuese suficiente, el puerto exterior y otras construcciones industriales ribereñas han venido a acelerar el proceso. Primero fueron las vieiras, abundantísimas en el lecho de la ría pero que no se pueden consumir desde hace años; ahora la almeja y el berberecho. ¿Qué les queda a los mariscadores si no la protesta?