Isabel Granullaque y Sara Lago eran administrativas de Izar y fueron víctimas de las últimas prejubilaciones. El año pasado se apuntaron a la Universidad Sénior de Ferrol. Allí conocieron a Consuelo Castro, vecina de Neda y «mujer polivalente», que hace el trabajo de la casa y ayuda en las empresas familiares. Entre las tres suman cinco hijos y más de 150 años, pero viven su segunda juventud. -¿Cómo se les dio por la Universidad? -Consuelo: A mi me apuntó mi hijo sin decirme nada. Llegué un poco para ver cómo era y me encantó. El ambiente es muy bueno y no me he perdido un día. -Isabel: Es que queremos ser útiles y aprender cosas nuevas, no nos íbamos a meter en casa. -Sara: Exacto, ahora tenemos más tiempo libre que hace unos años, cuando estaban los hijos y todo eso, y claro, no nos vamos a encerrar a calcetar todo el día. -¿Nunca chocan con los estudiantes jóvenes? -Isabel: Qué va. Coincidimos con ellos en la máquina de café y nos llevamos muy bien. Nos tratan como si tuviésemos veinte años. -Consuelo: Hasta nos invitaron a la cena de un curso de risoterapia en el que coincidimos alumnos de la sénior y de las escuelas normales. Salimos de marcha y las chicas nos preguntaban por nuestros hijos, que los llevásemos un día, que si querían conocerlos... Y en el curso fue perfecto. A ellos les daban créditos por ir y nosotras lo pasamos muy bien en las clases (se ríe). -Sara: Es que Consuelo es muy animada. Imagínate, en risoterapia nos pedían que pegáramos saltos, que nos tirásemos por el suelo... y ella fue a todas las clases ¡con un brazo roto! -Consuelo: Es que nos divertíamos mucho, las clases nos hacen sentir más jóvenes y nos evadimos un poco del día a día. -Supongo que son unos años duros ¿no? -Consuelo: Bueno, mis hijos aún estudian, trato de ayudar en las empresas de la familia y en casa. Allí me llaman «la todoterreno», pero siempre viene bien distraerse un poco. -Sara: Y puede pasar lo mismo, pero por otras razones. Mi hija trabaja en Santiago y algunas veces tenemos esa sensación de nido vacío. Por eso me gusta la universidad, divierte mucho y también aprendes. Hasta se ha apuntado mi marido, que hace matemáticas por la UNED. -Isabel: Es que lo de Izar nos cambió mucho todo. Ya no tenemos la posibilidad de encontrar ningún otro trabajo y siempre existe el riesgo de acabar como otros prejubilados, que se les queda la vida vacía.