Juncal se da contra todos

FERROL

Análisis | El futuro del alcalde de Ferrol a nueve meses de las municipales El regidor popular se enfrenta a las elecciones con el fantasma de carecer de aliados estratégicos, ni políticos ni ciudadanos, en una ciudad en la que nadie ha gobernado en solitario

02 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace casi 50 días que el alcalde de Ferrol precipitó la mayor crisis de gobierno de los últimos tres años en una ciudad acostumbrada a los vaivenes políticos. Retiró a Francisco Pita-Romero (IF) y colocó en Urbanismo a un hombre de su confianza, Guillermo Evia (PP), incumpliendo así dos de las cláusulas del acuerdo suscrito el 13 de junio del 2003 entre el PP gallego e Independientes por Ferrol. Está por ver cómo afecta la estrategia de estos casi 50 días al regidor ferrolano en la antesala de las elecciones municipales. El hoy barón provincial del PP logró en el 2003 los peores resultados para ese partido en unos comicios locales, con 7 escaños tras perder 2. Pero salió del envite convertido en el cuarto alcalde de centro-derecha de Ferrol con el respaldo de los independientes. Ahora ese apoyo es más que dudoso, sea cual sea el resultado de los comicios. En IF no perdonan la expulsión de quien es mano derecha de Juan Fernández, y algunas voces consideran poco probable un nuevo apoyo a Juncal para que repita como alcalde. Aunque «Juncal no es el Partido Popular», matizan desde las filas independientes. No ayuda tampoco que desde el PP municipal, privadamente, siempre se achaque al todavía hoy socio de gobierno los problemas en algunas áreas, a la vez que se miran con extremo recelo todos sus movimientos. Aunque sigan juntos y votando aliados en todo, salvo en dos ocasiones: plaza de Armas y planta de gas. Sin IF -cuyas diferencias con el PSOE se han reducido-, Juncal tendría ante sí el desierto. Porque ni nacionalistas ni socialistas ni IU le brindarán su apoyo, y se aliarán para gobernar. Necesitará 13 concejales, algo que nadie ha conseguido en la historia de la democracia en Ferrol. Es decir, habría de duplicar su cuerpo electoral. Problemas ¿Logrará Juncal esa hazaña? En su contra tiene que ni el gobierno de la Xunta ni el del Estado vendrán para echarle un capote: ambos están gobernados por su oposición en el pleno de Ferrol. Sí los tuvo durante el primer año como alcalde, entre junio del 2003 y marzo del 2004. Tampoco parece deslumbrante el bagaje político de su gestión -o de su gobierno-, porque en los próximos nueve meses tal vez no habrá mucho que exhibir ante los ferrolanos como resultado de su trabajo. Sí una excelente planificación económica para reducir la deuda y mejorar los ingresos. Pero ninguna obra de importancia que haya supuesto un vuelco a la ciudad: el centro comercial de Caranza está paralizado, y tampoco estará listo para entonces; la reforma de la plaza de Armas está parada, el centro de asuntos sociales no estará antes de finales del 2007, ni la perrera ni la nave vacía del Mercado tampoco. Tampoco el auditorio, ni nuevos aparcamientos, ni inversiones extra de la Xunta, ni un polígono industrial operativo, ni zonas verdes prometidas, ni agilización de los trabajos en marcha. El programa con el que se presentó incluía 500 propuestas para cambiar Ferrol. Podrá presentar, sí, la cubierta de la plaza de España o la biblioteca central, solventando los atrancos del pasado. O el convenio urbanístico con Defensa, pero sin presentar obra alguna en las antiguas parcelas militares. «Xaime Bello no tiene nada que inaugurar», censuraba el 10 de mayo del 2003 el entonces candidato Juan Juncal. Aunque sí negoció una herencia que hoy está gestionando el popular, como 21 millones de euros para A Magdalena y Ferrol Vello. Enfrentamientos con sus únicos socios, falta de grandes proyectos acabados, sin apoyo de los gobiernos de Madrid y Santiago... Y la oposición. «Si el candidato del PSOE es fuerte, estará complicado», admite un portavoz del PP. Otra complicación más. Porque, además, los socialistas sí recibirán incentivos desde Santiago porque en Ferrol también se jugará la Diputación provincial. Lo mismo harán en el BNG para apoyar al candidato nacionalista, Xoán Xosé Pita. A todo lo anterior hay que añadir la ausencia de apoyos fuera, entre grandes asociaciones o grupos sociales, que pudieran servir para captar votos. Porque tras el desierto lo que puede venir es el todo o la nada.