Morirse de aburrimiento

Xosé Vázquez Gago
Xosé V. Gago FERROL

FERROL

MARÍA VILLAR

En directo | La espera en el hospital en agosto Los enfermos esperan horas a ser atendidos esparcidos por los pasillos; la falta de camillas y sillas causa que muchos lo hagan de pie y las prisas impiden que se les dedique mucho tiempo

28 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Un hombre delgado y de muchos, muchos años, boquea sin emitir sonido alguno desde una camilla del pasillo principal de Urgencias del Marcide. Son las cinco de la tarde de un lunes cualquiera (ayer), y médicos y enfermeras pasan apurados a su lado sin hacerle mucho caso. Están ocupados tratando de atender la continua afluencia de pacientes. Las salas de espera están llenas, en la primera hay diez personas entre enfermos y familiares, más gente espera en el exterior del edificio, en el recibidor, en los pasillos y en las habitaciones. «Los lunes son uno de los peores días de la semana -explica uno de los sanitarios-; llegan enfermos del domingo, gente que prefiere pasar el día libre en casa, aguantando el dolor, para venir al médico el lunes». El personal trata de ser amable y aparentar normalidad ante el aluvión, pero frentes sudorosas y tacos mascullados, «os... trae ya las ...tas vendas», demuestran los agobios y la tensión que tienen que soportar. En la sala de espera, entre algunos lloros por los seres queridos y bastantes quejas, una mujer de unos 50 años (la llamaremos Marta) está contenta: ya puede irse con su hermana. «Tuvimos suerte y sólo hemos tardado tres horas y pico -dice Marta-; no es tanto, porque la última vez nos tiramos esperando cinco horas y media». A su lado, un hombre se levanta para dejar sentar a una mujer que camina en muletas. «Es que casi no les quedan sillas de ruedas y camillas, nos lo dijo antes esa enfermera rubia», explica Marta mientras señala a una sanitaria de pelo pajizo que está hablando con un guardia jurado. El señor mayor sigue boqueando en silencio a las cinco y media. Entran más y más pacientes. Tres hombres de mediana edad, muy parecidos y morenos se apartan para que Marta y su hermana salgan. Tienen prisa, pero saben que si ellas no se van, ellos casi no van a caber.