Reportaje | El Barco da Memoria recuerda a los represaliados del franquismo «A voz das víctimas», un homenaje a los cientos de perseguidos por el régimen franquista, recogió ayer en el puerto los emotivos testimonios de las familias
23 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?Para la libertad sangro, lucho y pervivo...». Con los versos de Miguel Hernández, y de fondo un violín, arrancó ayer por la tarde, en la carpa del puerto, el homenaje a las víctimas de la represión franquista. Alrededor de veinte familias querían hablar. Tenían mucho que decir. Y ahora, más vale tarde que nunca, llegaba su oportunidad. Cerca de 800 gallegos fueron asesinados entre 1936 y 1939 en la comarca de Ferrolterra. Otros muchos, encadenados y perseguidos. Pero su recuerdo sigue vivo en la memoria de todos sus familiares, vecinos y amigos. No querían revancha ni sentían rencor, sólo querían justicia. Contar lo que pasó y como pasó. Las familias y los que lo vivieron en primera persona mantuvieron el silencio con una mezcla de emoción, tristeza y respeto, durante todo el acto, que comenzó algo más tarde de las siete y media. Silencio hasta que les tocó el turno de hablar. Uno por uno, en orden y haciendo esfuerzos para que no temblase la voz, recordaron con orgullo, y no sin pena, unos años muy duros que los marcaron para siempre. El primero, un mugardés de apellido Anido y con 85 años en su memoria, relató cómo vivían entonces, cómo hizo de su casa uno de los puntos de apoyo y cómo acogió y escondió a un grupo de guerrilleros. En su voz había tristeza, pero no faltaba un punto de orgullo. «Recordo a Pancho, un guerrilleiro valente e honrado que quería facer un zulo e un túnel que atravesaba a carreteira dun lado a outro». Anido, que estuvo retenido varios años en la prisión de Burgos, no podrá olvidar jamás las palabras cuando los falangistas llegaron a Mugardos: «Muchacho márchate de aquí, que te van a matar». Luciano, de Valdoviño, dulce y nervioso porque nunca había hablado delante de tantas personas, tenía sólo once años cuando estalló la guerra. «O que nos fundiu foi a ignorancia» sentenció, «pasamos moita fame e moito medo, hai que vivilo para saber o que é». Luciano, desenterrando el pasado, recordó con mucha tristeza cómo violaron a la madre de un gran compañero suyo. La guerra no solo dejó ausencias, también muchas heridas abiertas. Los recuerdos de los Pita «Cerraron la ventana de la libertad y la ventana de la cultura». Así lo expresó la familia Pita de Cariño, una familia rota, tres fusilados y varios perseguidos. «Algunos marcharon pero otros no querían abandonar a sus familias» contó Pita, «no hicimos mal a nadie». Aurora Ribera Herba, una mujer bajita y alegre, habló alto y claro, en honor a su hermano: «Se llevaron a mi hermano con 18 años. Estaba en la plaza vieja con muchísima gente y cuando llegaron los franquistas dio dos tiros al aire y la gente pudo escapar. Pero a él se lo llevaron», recordó la mujer. «Estuvo preso en Ferrol y luego en Pamplona; con la Ley de Fugas escapó pero murió, y nunca supimos más de él... Mi hermano no fue ningún rebelde, fue un valiente».