Calma chicha con las obras

Ana Veiga FERROL

FERROL

MARÍA VILLAR

En directo | Nuevo corte de tráfico en A Magdalena La circulación fue fluida en el casco histórico pese al bloqueo de la intersección entre María y Rubalcava por la reurbanización

11 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?os habituales problemas viarios ocasionados por las obras en el centro de Ferrol no se incrementaron ayer demasiado por el corte de un nuevo tramo situado entre la calle María y Rubalcava. No obstante, hubo excepciones. Fueron unos cuantos conductores despistados que, asombrados por la cantidad de calles cerradas, preguntaron a la Policía Local cómo salir de la urbe. El encargado de las obras afirmaba ayer: «Este corte apenas molesta, no hemos recibido quejas», y apostillaba: «El Concello sólo nos ha dado día y medio, y a otras empresas les ha permitido cortar el tráfico durante ocho días ¡Será que estamos muy cerca de ellos y les molesta!», bromeaba. Mientras tanto, los vecinos de la zona no se mostraban tan despreocupados. Calma chicha. Las opiniones oscilaban entre la resignación y la indignación. «Se tolera porque son necesarias», afirmaron los dueños de algunos establecimientos. Otros no eran tan comprensivos: «Esto es imposible de llevar. Además, me estoy quedando sin clientes. ¿Quién va a querer entrar si casi no se puede?», dijo la encargada de una tienda de la calle María, mientras observa preocupada ayer por la tarde su puerta de entrada. Según la mayoría de dueños de los negocios de la zona el problema es que «no se puede levantar todo a la vez. Están cortadas casi todas las calles del centro», a lo que una dependienta añade: «Esto ya parece Madrid y es una ciudad de menos de 80.000 habitantes. Exijo que el Concello me explique cómo salir de Ferrol con el coche, porque es casi imposible». Las conversaciones de muchos vecinos giraban ayer en torno a los atascos, el ruido y las reformas de las calles. «El dueño de una librería me ha dicho que si esto sigue así mucho tiempo, cierra el negocio», comentaba un repartidor. Y entre protestas y miradas de resignación, el ruido de las escavadoras servía de hilo musical a un debate callejero improvisado, que terminó mientras los trabajadores se alejaban con el encogimiento de hombros de quien sabe que no puede hacer nada.