«Ahora ya no hacemos planes»

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REPORTAJE GRÁFICO: JOSÉ PARDO

Crónica | El homenaje a los fallecidos Miles de personas arroparon ayer a los familiares de los cuatro fallecidos, que intentan sobreponerse a la tragedia que hace un año les arrebató el futuro junto a sus seres queridos

11 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?os trabajadores de Navantia y de sus compañías auxiliares fueron ayer una piña para mostrar su solidaridad a las familias de los cuatro trabajadores de las firmas Mainfer y Tecnymo que murieron hizo ayer un año en un tanque de la fragata Roald Amundsen . Cerca de cuatro mil almas con los ojos clavados en las viudas, las hijas, los padres y los hermanos de unos compañeros que murieron en un accidente que, como aseguró Ramiro González, el presidente del comité de empresa, fue «unha traxedia evitable». Con el peso del primer aniversario de tan trágico suceso sobre los hombros, no sólo los familiares desbordaron emoción sino también muchos compañeros, que no pudieron reprimir las lágrimas mientras el representante sindical de los trabajadores evocaba el siniestro. El poso que ha dejado el accidente en el que perdieron la vida Ana Belén Paz, la primera en caer en un tanque lleno de gas argón, sus compañeros de la misma empresa Juan Carlos y Eduardo y el soldador de Mainfer José Luis, ha sido enorme. «Tengo compañeros en el astillero que, desde que pasó esto, todos los días por la mañana despiertan a su mujer y a sus hijos para despedirse de ellos», asegura un hermano de Ana Belén que, a sus 30 años, se convirtió en la primera mujer víctima de un accidente laboral en el astillero ferrolano, una joven a la que le segaron todos los planes y que dejó a unos padres, con los que convivía, sin la alegría de su hogar. Un año después, las familias empiezan a acostumbrarse a su nueva vida. «Ahora somos incapaces de hacer planes», explican las esposas de Eduardo y Juan Carlos, conscientes de que en un segundo todo puede saltar por el aire, de lo efímero de la existencia. Ambas recuerdan la perpetua disposición a ayudar que tenían sus maridos, demostrada en accidentes de tráfico, con los amigos... También José Luis, el más joven de los cuatro, había dado múltiples pruebas a sus allegados de que el corazón y el impulso podían mucho más que la razón. Los dos primeros meses después del accidente, sus amigos hacían sonar los claxon de sus coches cuando pasaban por delante de la casa de sus padres, para recordarles que siempre estará entre ellos, en su recuerdo. «Quero agradecer ás familias o seu comportamento; nos axudan máis que nós mesmos a eles», aseguró ayer Ramiro González. Son padres, hermanos, novia y esposas que se han mantenido desde el trágico siniestro en un anonimato buscado, ya que no quieren ser protagonistas de nada. Suman ya un año y un día de sus nuevas vidas.