Día de cafés... y algunas compras

Pablo Carballo
P. Carballo FERROL

FERROL

REPORTAJE GRÁFICO: CÉSAR TOIMIL

Crónica | Las nueve horas de visitantes ingleses en Ferrol Las cafeterías de A Magdalena sedujeron a muchos visitantes, que lamentaron no encontrarse más tiendas abiertas

07 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

El Black Watch llegó ayer a Ferrol lleno de ingleses (los pasajeros), orientales (la tripulación) y noruegos (los oficiales). Para todos ellos, era su primera vez en la ciudad, lo que explica que lo primero que comentaran, sorprendidos, era el peculiar acceso al puerto a través de una estrecha lengua de mar. «Estamos encantados de estar aquí y brindamos por regresar», exclamó Olav Sovdsnes, máxima autoridad de un buque cuyo pasaje está formado mayoritariamente por jubilados británicos. Para ellos hay, a bordo, un buen número de áreas de divertimento: gimnasio, sauna, biblioteca, sala de juegos, de Internet, tiendas... Un poco de todo, a lo largo de un buque de 205 metros de eslora, más de 25 de manga y ocho alturas, coronado en lo alto por varias cubiertas con hamacas, piscinas y jacuzzis, aunque ayer el tiempo no era el más propicio para su uso. En la primera parada del crucero, procedente del puerto inglés de Southampton y con destino a Palma, muchos de los pasajeros decidieron acercarse al centro de Ferrol para conocer la ciudad de primera mano: así, durante toda la mañana, por las calles de A Magdalena resultaba sencillo encontrarse parejas y grupos de turistas, armados con riñoneras, mochilas y paraguas, en un día en que la lluvia apareció de forma intermitente. Agradable y tranquilo «El tiempo no es muy bueno hoy, es cierto, pero la ciudad es agradable. Está muy tranquila, claro, porque es domingo», comentaba en un corrillo uno de los pasajeros del Black Watch. Lo que más gustó a muchos fueron los variados cafés del barrio de A Magdalena; otros lamentaban que apenas había tiendas abiertas. Aunque, claro, incluso esto depende de cómo se mire... «Afortunadamente, no había más tiendas abiertas, porque habríamos comprado muchas más cosas», bromeaba una mujer que caminaba cargada de bolsas con su marido. «Hemos comprado un cuadro y varios bolsos», agregaba éste con una sonrisa satisfecha. También lo estaba una comerciante del barrio que había realizado ventas durante la mañana. Aunque, eso sí, reconocía que la comunicación, en ocasiones, es lo más difícil: «La verdad, casi nadie de nosotros habla inglés».