Una espada de Damocles

Francisco Varela FERROL

FERROL

Crónica | Un inocente que permaneció diez años procesado LA REPARACIÓN ECONÓMICA Alfonso Salceda, una década encausado por un delito que no cometió, demanda al Estado por el anormal funcionamiento de la Administración de Justicia

01 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?lfonso Salceda Gómez, ex empleado de la oficina de Personal de la antigua Astano, ha permanecido diez años procesado por un delito que no cometió. Respiró tranquilo el pasado enero cuando conoció la sentencia del Juzgado de lo Penal 1 de Ferrol que lo absolvía del delito de estafa por el que fueron condenados dos sindicalistas de UGT y el antiguo jefe de personal por haber amañado una indemnización para una viuda, por baja incentivada de su marido, que ya estaba fallecido. Por tanto, mal podría haber firmado su solicitud de baja incentivada. Pero Salceda no quiere quedarse quieto y, por eso, ha encargado a su abogado, Manuel Arias, que inicie la reclamación contra el Estado por el anormal funcionamiento de la Administración de Justicia. Lo pasado Porque diez años son muchos años. Entre los 40 y los 50 años que tiene ahora Salceda, en otros tiempos sindicalista de USO y concejal en el Concello de Cabanas, ha perdido su matrimonio y durante mucho tiempo tuvo que tranquilizar a su madre porque le llamaban estafador a él. «Nadie se puede imaginar lo que he pasado; si estaba claro que yo no tenía ninguna responsabilidad, sin poder no puedes amañar nada. Sólo me limité a cumplir unas órdenes y reunir los papeles del expediente de la indemnización y colocarles un clip», dice ahora, con la sentencia absolutoria en la mano. Las mismas explicaciones se las tenía que dar a su hija. Tampoco pudo continuar su vida política como concejal. «Pero en el terreno político -añade- no es lo más grave, porque para eso estamos. Lo peor fue en el aspecto personal, en un sitio pequeño como Cabanas o Pontedeume». Ante un barranco Con la reconversión dejó Astano y montó una empresa de trabajos portuarios submarinos con un hermano. En una ocasión fue llamado a declarar cuando estaba en Cartagena: «Crucé España de lado a lado en coche y llego aquí y me dicen que se aplaza el acto». Con esta espada de Damocles sobre su cabeza, la crisis matrimonial y otros problemas en la empresa no es extraño que un día parase su automóvil en la costa de Almería, ante un barranco... Y fue la labor de su antiguo compañero en el tajo, Manuel Arias, ahora su abogado, el que consiguió convencerle de que no cometiese una barbaridad, que tuviese confianza y que, a la postre, se haría justicia. Aunque tarde, «porque ya está bien que desde 1994 en que saltó la película acabe todavía ahora. La causa estuvo de Ferrol para A Coruña, de allí para aquí. La cerraron y la reabrieron, desgraciadamente incluso con compañeros sindicalistas acusándome a mí». Considera que es un deber suyo iniciar acciones legales para impedir que esta situación se repita con otros ciudadanos.