Testimonio | Una empleada más en la oficina Begoña Fraga ha conseguido un contrato indefinido como administrativa en una mutua; la especialización de su currículo ha podido más que una minusvalía que no afecta a sus tareas
15 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Begoña Fraga, 23 años, tiene desde hace unos meses algo con lo que sueñan muchos jóvenes de su edad: un contrato de trabajo indefinido. Su currículo, moldeado con un ciclo superior en Administración y Finanzas y un máster en Informática, ha podido más que una pequeña discapacidad, un problema de cadera que no influye en su trabajo como administrativa. Así lo han entendido sus nuevos jefes en la mutua La Fraternidad. Begoña habla maravillas del servicio de intermediación laboral de Cogami. «Hablé con ellos en verano para ver si tenían algo, porque estaba descontenta en mi anterior trabajo. A los dos días me llamaron para esta entrevista. Me gestionaron cuatro en una semana. Esa gente se mueve bien», cuenta. La entrevista salió bien. La mutua contrató a Begoña para su servicio de prevención de riesgos laborales. En la oficina la tratan igual que a cualquier otro empleado, para bien y para mal. «Me tratan como a una persona normal, que es lo que soy. Me dan el mismo trabajo que a los demás, o sea, bastante», bromea Begoña, aclarando así que tampoco hay discriminación positiva. Para ella, su actual puesto de trabajo es un nuevo ejemplo de que las empresas, además de aprovechar los beneficios fiscales de este tipo de contrataciones, se van poco a poco concienciando de que las personas con minusvalías pueden realizar muchos trabajos sin el mínimo inconveniente. «Yo considero que puedo hacer el mismo trabajo que cualquier otro. No me siento diferente». Pero la carrera contra la marginación de los minusválidos no ha concluido, ni mucho menos. «Hay empresarios que no piensan así, que creen que esto les puede dar problemas. A veces ya te discriminan por ser mujer, así que imagínate si además eres discapacitada... Yo he tenido mucha suerte en mi caso personal, pero conozco a gente que sí ha tenido problemas, que sí ha sido discriminada», relata Begoña. Como ella, el año pasado hubo doscientos y pico no discriminados. Se va haciendo camino.