Ares disfraza a A Coruña

FERROL

JOSÉ PARDO

En directo | Un matrimonio aresano, los amos del carnaval SU HISTORIA La ferrolana Alba Dopico fue coronada el domingo como reina del antroido en la ciudad herculina; la chica llevaba un vestido confeccionado por Ana y Atilano

20 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?i el acento no les delatase, bien podría pensarse que Ana Montenegro y Atilano Anllo son tinerfeños de pura cepa o mismamente nacidos en el brasileiro Rio de Janeiro. Su pasión por el carnaval es tal, que su casa de Ares hace tiempo que se ha convertido en un taller de vestidos de plumas que miden diez metros de altura y rondan los cien kilos de peso. Por no hablar de que ellos cuentan ya con todo un palmarés de premios como diseñadores de trajes para el antroido. Lo que ocurrió el domingo fue una demostración más de su buen hacer entre lentejuelas: la ferrolana Alba Dopico, con un vestido que salió de las manos y mentes de Ana y Atilano, resultó elegida reina del carnaval en A Coruña. Mientras se disculpan por «tener la casa llena aún de pintura» porque, como explica Ana, «aquí entre el sótano y la casa lo hacemos todo, la familia en pleno se mete en la preparación de los trajes», la pareja comienza a contar cómo se siente cuando su diseño es ya, nunca mejor dicho, el rey del carnaval en la ciudad herculina: «La verdad es que estoy muy contento porque esta fue mi obra maestra. Llevaba cinco años con la idea, cuando salió aquella canción discotequera del Padrenuestro ya me apetecía hacer algo con un ángel y un demonio y por fin puede hacerlo». Sólo con verlo desmontado, cualquiera diría que hablar de obra maestra es poco para referirse al diseño que lució la ferrolana Dopico. «Mide 12 metros y pesa 130 kilos, creo que nos gastamos alrededor de 700.000 de las viejas pesetas porque lo quisimos darlo todo». Y no cabe duda de que lo dieron. Como cuenta Ana, el diseño con el que se llevaron el premio -1.500 euros para el diseño y 300 euros para la chica- «era distinto del resto». Tanto, que incluso llevaba una luz propia para que el traje pudiese exhibirse con el resto de focos apagados, y sólo él fuese el protagonista. Eso dio lugar a la primera anécdota de la noche: «Al ver sólo el traje, con el maniquí convertido en demonio, la gente pensó que era la chica que iba desnuda y empezaron a gritar de todas partes, llamándole tía buena», señalan. Mientras hablan, los ojos se le van a Atilano y Ana a una fotografía que sacaron durante la gala: «Qué guapa y qué bien lo hizo», dicen al unísono. Y es que ayer era un día para recordar, para hablar de las noches sin dormir, de que ya van seis años en los que ganan y de que «las chicas como Alba, de la academia de danza Paloma, son geniales». Esas palabras salen con melancolía, pero ésta se cambia en seguida por ilusión: ayer mismo comenzaron a preparar el traje del 2007. Eso es pasión carnavalera.