Reportaje | Mobiliario urbano a examen en 40 minutos Un repaso a seis termómetros de la ciudad arroja un resultado poco clarificador: uno ya no está, dos ofrecen temperaturas inverosímiles y entre los tres restantes no hay acuerdo
28 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Ya que el frío está en boca de todos, la ocasión se presta para poner a prueba la fiabilidad de los termómetros públicos. Se supone que están para informar de modo preciso, pero un repaso rápido por media docena de estos aparatos deja a uno sin una idea muy clara: según indican los paneles callejeros, en algún barrio de la ciudad hace bastante fresco; en otros un calorcillo agradable, y en otros ni fu ni fa. En 40 minutos, y sin salir de la ciudad, se pasa por temperaturas propias de otoño, invierno y primavera. La ruta, realizada ayer, arranca en Amboage, donde junto a las evocadoras palmeras el termómetro indica 7 grados: bien, una temperatura lógica y dentro de la oscilación térmica prevista por Meteogalicia. Ocho minutos después, en Canido, y sin haber subido una montaña ni nada, el mercurio se desploma hasta los cero grados. Ni más ni menos. Aunque el cartel ponga un más. Es decir, cero grados positivos. Difícil de entender. En busca de temperaturas más agradables, continúa el paseo en O Inferniño, donde doce minutos más tarde el termómetro indica un ambiente mucho más llevadero: 9 grados centígrados. No lejos de allí, junto a la oficina de turismo, hay otro indicador público con fama de marcar guarismos en negativo propios del enero siberiano. Pero es imposible comprobarlo: el indicador ha desaparecido de la marquesina. Se supone que reaparecerá con información climática más adecuada a estas latitudes. Como en Miami La cosa se complica más al llegar a Caranza: mientras medio país tirita por una ola de frío ártico, en el barrio más populoso de Ferrol hay -según el indicador- la misma temperatura que ayer tenían en Miami: 20 grados. Como no se ven chanclas ni bañadores por la calle, debe haber un error. Para comprobarlo, un último indicador: el de Esteiro, que al parecer suele atenerse a la realidad. Efectivamente, sus ocho grados parecen fidedignos. Aunque, tras tantas sensaciones térmicas diferentes, será mejor esperar el diagnóstico del hombre del tiempo.