Las 40.000 millas de la «Nautilus»

Francisco Varela FERROL

FERROL

JOSÉ PARDO

Reportaje | La historia de un barco muy popular Una exposición en el Torrente Ballester, prorrogada hasta fin de año, recuerda la vuelta al mundo de la corbeta ferrolana que mandaba Fernando Villaamil

29 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?ocos barcos fueron tan populares en Ferrol como la corbeta Nautilus a la que se le hizo una copla lo mismo que al Galatea , que sería su sustituto, que se le cantaba una habanera. Una exposición en el Torrente Ballester, cuyo comisario es el historiador Bernardo Máiz Vázquez, recorre aquella pequeña epopeya del buque militar que partió de Ferrol el 30 de noviembre de 1892 y no regresaría hasta el 11 de agosto de 1894, tras recorrer 40.000 millas náuticas en viaje de instrucción de guardiamarinas. Más de la mitad de la tripulación eran ferrolanos o hijos adoptivos de esta tierra, como su comandante, el asturiano Fernando Villaamil. Y, de este colectivo local, muchísimos de O Seixo. Por ello no es extraño que pervivan nietos y, sobre todo, bisnietos y tataranietos de aquellos marinos que conservan en sus casas viejos arcones de madera de alcanfor, astrolabios y aparatos de navegación. Cartas y diarios La exposición, diseñada bajo modernas técnicas museísticas, recupera parte de este legado, porque el barco fue desguazado durante la II República, y muchísimos testimonios de los tripulantes procedentes de las cartas o diarios que escribieron durante aquella larga circunnavegación. El ruido del mar contra la borda, en uno de los espacios de la muestra, nos introduce en la vida a bordo. Las viejas amacas (los coys , les llamaban en la Marina) donde se dormía, los bancos y mesas del rancho... Todo en un pequeño mundo muy comprimido porque en un clipper de 59 metros de eslora se alojaban 180 hombres, entre ellos el famoso personaje Prósper , que lo enrolaron como payaso y que se les fue en Valparaíso. Es que los guardiamarinas tenían entonces 17 y 18 años. La exposición incluye viejos mapas, ampliados adecuadamente para que tengan una función didáctica. La colaboración del Museo Naval de Ferrol aporta también numerosos elementos del conjunto. Había mucho de romanticísmo en aquella expedición. Villaamil, muy influenciado por su estancia en el Reino Unido, no quería que la llegada del vapor y toda la nueva tecnología de navegación acabase con las viejas tradiciones marineras. Y, por eso, insistía en que los guardiamarinas tenían que formarse, a pesar de lo nuevo, en los barcos a vela. Saber orientarse con el astrolabio, manejar un barco velero de tres palos, como era en el que navegaban. Lo mismo que hacen los guardiamarinas de hoy en el Juan Sebastián Elcano . Hay grandes semejanzas entre la corbeta Nautilus y el Galatea porque ambos fueron mercantes de carga construidos en Gran Betaña y comprados por España. Había sido el propio Villaamil quien fue enviado comisionado para la compra en Londres del Carrick Castle , que así se llamaba entonces. Corría el año 1886. Había sido construido en Glasgow cuyos astilleros, durante el siglo XIX eran algo equivalente a la fábrica ideada por Ford para producir automóviles. Salían clipper como churros de sus gradas. Como el viaje de la Nautilus se hizo ya con el siglo XIX tocando su fin se conservan fotografías. Y no es extraño encontrarse visitando la exposición a algún bisnieto que señala a su antepasado entre la gran reproducción de una foto con toda la tripulación sentada en cubierta. Desgraciadamente, aquella camaradería se rompió en 1936. Con el golpe de estado, muchos de aquellos guardiamarinas, ya oficiales y jefes, se repartieron en su lealtad. Hubo ardientes alzados, como Castro Arizcum, explica Bernardo Máiz, o leales a la II República. Por cierto, que el médico de a bordo, Salvador Guinea, tras la arribada a Ferrol, pidió la baja de la Marina y se estableció en Londres, donde abrió una consulta.