Reportaje | El baile del farolillo O Pote se reencuentra el sábado con una tradición que celebran desde los años 50; se trata de ver qué pareja aguanta más bailando con una vela en la mano
16 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?ecía una romántica canción de Alejandro Sanz que «con las luces apagadas» todo era más hermoso. Pues en Maniños es al revés. El sábado, las parejas que se sumen a un peculiar baile en la sociedad de O Pote intentarán justamente todo lo contrario: que no se les apague la luz por nada del mundo. La explicación la tiene una tradición que lleva el nombre de baile del farolillo y que desde los años 50 divierte a matrimonios, novios y demás parejas espontáneas de la parroquia. La historia es la siguiente. Cuando comienza la música, cada oveja agarra a su pareja y comienza la acción. Si no fuera porque cada par de tortolitos lleva una especie de vela de color en la mano, el baile sería de lo más normal del mundo, pero ahí está el quid de la cuestión; que hay que resistir con la llama encendida. Es entonces cuando la orquesta -que en esta ocasión serán Los Senadores- comienza a poner piezas sin parar, de modo que los bailarines tienen que hacer mil y una filigranas para que la vela no se apague entre el tango y el pasodoble. Por experiencia, desde O Pote aseguraban ayer que aquellos que más pisotones y saltitos dan son los primeros en quedarse a oscuras. Poco a poco, los mejores bailarines de la pista se van quedando solitos con su farolillo encendido. Y, lógicamente, a la última pareja en apagársele la llama es la vencedora del baile. Hay años en los que la cosa se demora así como dos canciones y otros en que después de una hora no hay manera de quedarse en íntima oscuridad. Los que ganan, tienen premio seguro. Los que no, y como no podía ser de otra manera, se quedan a dos velas.