Reportaje | Doscientos años de Trafalgar (I) El enfrentamiento entre ingleses y españoles en San Vicente (1797) inicia hoy una serie de La Voz dedicada a rescatar del olvido los intensos vínculos del Ferrol de hace dos siglos con la batalla de Trafalgar; a recrear el desastre naval desde la perspectiva de una ciudad involucrada para siempre en la historia de la navegación
15 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.A finales del siglo XVIII, España se había colocado al lado de Francia, y la subordinación, especialmente en política naval, al gobierno francés sería sólo la señal que anunciaba el gran desastre de Trafalgar. España, una vez más, había apostado a caballo perdedor. Horacio Nelson ya era un comandante de buque conocido mucho antes de Trafalgar, y todas las costas españolas padecieron sus correrías. En un grabado publicado en Londres en marzo de 1802, aparece un retrato de Lord Nelson, rodeado de las siluetas de 26 navíos de línea, los capturados por él durante el período comprendido entre 1793 y 1801. En esa época, con estos buques se podía formar una marina de tipo medio; entre ellos se cuentan 15 franceses, 7 daneses y 4 españoles. Estos últimos son los llamados: San Josef, el Salvador del Mundo conocido posteriormente en la Royal Navy simplemente como HMS Salvador, el San Isidro y el San Nicholas; si respetamos la grafía del momento, los dos primeros artillaban 120 cañones cada uno y los segundos 80, lo que nos indica su tamaño e importancia. En un recuadro del mismo grabado aparece una representación artística y un tanto exagerada del combate naval del Cabo de San Vicente, donde estos cuatro buques fueron apresados por el marino inglés. Tres de estos navíos, el San Isidro, San Josef y Salvador del Mundo, habían sido construidos en Ferrol entre los años 1768 y 1787, el primero de ellos construido «a la inglesa» por Jorge Juan y el segundo «a la francesa» por Gautier. Combate en cabo San Vicente En el combate entablado a la altura del Cabo San Vicente a las dos de la tarde del 14 de febrero de 1797, veinticinco barcos españoles al mando de D. José de Córdova se enfrentaron a quince buques británicos al mando de Jervis. Nelson, a bordo del HMS Captain -que en 1800 formaría parte del contingente que atacó Ferrol-, mandaba la retaguardia. El combate fue un auténtico desastre para la flota española a pesar de la superioridad numérica. La falta de coordinación del mando y las divisiones de parte de la marinería provocaron sensibles pérdidas cifradas, además de los barcos capturados, en la muerte de dos jefes de escuadra, tres brigadieres, un capitán de fragata y más de 1.500 hombres entre muertos y heridos. El gobierno, para tapar su incompetencia y desviar responsabilidades, castigó a los marinos destituyendo y confinando en Madrid a Córdova, cuya conducta sin embarco fue revindicada por sus propios enemigos: «Los desafortunados almirantes españoles tuvieron que pagar duramente la locura de su gobierno, que mandó al mar una flota que no era apta para la lucha», escribe un historiador inglés. Nelson en persona mandó el grupo de abordaje que capturó al San Josef, al mando de D. José Pineda, que rindió el barco tras defenderlo valientemente como lo demuestran sus bajas, con 46 muertos y 96 heridos. Por su parte, el HMS Captain tuvo 24 muertos y 56 heridos, entre ellos el propio Comodoro Nelson. Rumbo a Lisboa La flota británica, con las presas remolcadas, se dirigió hacia Lisboa, en cuyo puerto entraba a finales de febrero. Desde allí, un incrédulo Nelson escribía a su esposa: «Cuanto más pienso en la última acción, más me sorprendo, parece un sueño». También aprovechó para alabar la construcción de los barcos españoles, del Santísima Trinidad, el barco mas grande del mundo en ese momento. Dice: «Nunca había visto un barco como ése». El Reglamento de Presas de la Royal Navy de 1793 establecía que al capitán que capturase una presa le corresponderían dos octavos del valor total de venta del buque capturado. Si hubiera un almirante al mando de la escuadra, a éste le correspondería un tercio de lo percibido por el captor. Los barcos capturados fueron reparados, y en contra de los que sucedía en otras ocasiones, la Armada Real, que sin duda apreció en lo que valía la buena construcción de estos buques, los compró, operación que a buen seguro proporcionó buenos dividendos a sus captores. Incorporados a las listas inglesas, tres de ellos mantuvieron su nombre original, cosa también inusual, especialmente cuando llevaban el nombre de un santo, pues solían perder el San. El destino de los barcos ferrolanos fue diverso. Se mantuvieron unos pocos años en servicio en el mar, participando en acciones en el mar del Norte, después el San Isidro y el Salvador pasaron a servir como buques prisión en Plymouth y fueron desguazados en 1814 y 1815, respectivamente. La vida del San Josef fue mas larga, permaneció en servicio activo hasta 1837, en diversos cometidos, entre ellos el de escuela de artilleros navales. Fue desguazado en Devonport en 1849. La imagen superior corresponde precisamente a ese año y puerto, donde después de 66 años de servicio activo desapareció este navío salido de nuestros astilleros.