TRIBUNA
14 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.COMO SE pudo comprobar a lo largo de la semana pasada, están al orden del día. Por una parte está el Estatuto de Catalunya con el que, según dicen, se corre el riesgo de acabar con la unidad de España -aunque no creo que se llegue a tanto-. La ley antitabaco que puede llevar al cierre de numerosos establecimientos. El de que el gas le diga adiós a Reganosa, con lo que no la tendremos ni dentro ni fuera de la ría, aunque es de esperar que los inversores gallegos se hagan cargo de ella. Y, dejo para el final, las escenas de los subsaharianos saltando la valla de la vergüenza en Melilla; valla que no existiría si el Gobierno tuviese un presidente con el nivel político y la personalidad suficiente, para hacer valer el derecho de fronteras. Y no haré comentario alguno de las declaraciones efectuadas para no hacer publicidad de descerebrados. Pero hubo una imagen que me quedó en la retina, y no es otra que la de un guardia civil que se bajó de un coche y le propinó varias patadas a un ser humano, pobre, negro y por lo tanto despreciable para el sujeto que lo agredió cuando estaba tendido en el suelo, escudándose en su uniforme. Esta imagen la quieren minimizar varios ministros diciendo que se trata de casos aislados (como en Roquetas), pero mienten. Ese caso aislado y en muchas profesiones de este país, se comete porque no se lleva a cabo la prevención de hacer pasar un examen psiquiátrico periódicamente a quienes tienen en sus manos factores de riesgo como son: militares, fuerzas del orden, jueces, etcétera; con lo que se evitarían actos de violencia e irresponsabilidades, excesivamente frecuentes.