Reportaje | Restos que duermen en el fondo del mar En la costa de Ferrol se hundieron naves de relevancia histórica, como un galeón de la Armada Invencible o un submarino alemán de la Primera Guerra Mundial
08 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?a historia se guarda en la memoria, se encierra en libros o se predica en los colegios. Sin embargo, los restos de lo que fuimos se pueden también encontrar en lugares tan insospechados como el fondo del mar. La ría ferrolana acoge, según los expertos, valiosos tesoros fruto de los asentamientos romanos o del hundimiento de famosas naves. En aguas de Ferrol duermen, por ejemplo, trozos de metal que hace casi medio milenio compusieron la Ragazzona , una de las naves más importantes de la mal llamada Armada Invencible. «Es impresionante que Ferrol cuente con un tesoro histórico tan valioso, y resulta también increíble que apenas sea conocido y que no exista interés por investigarlo», comenta el historiador Fernando Patricio. Relata el autor Hixino Puentes en su obra Os naufraxios da Galicia Norte que el galeón de guerra Ragazzona llegó a A Coruña en diciembre de 1588, muy deteriorado tras meses de batalla. Un fuerte vendaval rompió los cabos de la nave y la condujo a Ferrol, donde se hundió a la entrada de la ría, en Punta de Fornelos. Los expertos aseguran que, aunque Felipe II mandó en la época rescatar los cañones de bronce de la nave, en el fondo del mar de Ferrolterra aún quedan restos valiosos de este barco de más de 1.000 toneladas. La zona guarda también pedazos de historia más reciente, como un submarino alemán de la Primera Guerra Mundial. El UG 48 llegó el 23 de marzo de 1918 a la ciudad tras sufrir averías en combate. España, como país neutral, no podía acogerlo durante más de 24 horas, lo que no suponía tiempo suficiente para reparar los desperfectos. Por lo tanto, el submarino se quedó en el puerto en calidad de incautado, atendiendo a lo que dictaban los convenios internacionales. Al terminar el conflicto bélico un barco francés se dirigió a Ferrol con objetivo de apresar el UG 48 . Sin embargo, antes de que llegase esta nave, el submarino salió a realizar unas pruebas y se hundió. Se desconocen con seguridad las razones del desastre, aunque algunos historiadores señalan que fue hundido por los propios alemanes. El cadáver de este buque fue fragmentado, pero los expertos aseguran que aún quedan en el fondo parte de sus piezas. Las particularidades de la ría provocan que otras muchas naves hayan encontrado en sus aguas el final de sus días. Descansan en Ferrol los restos del Císcar que, tal como explica Hixinio Puentes en su obra, se trata del único buque de guerra español que se hundió dos veces. Este destructor fue bombardeado en el puerto del Musel (Gijón) durante la Guerra Civil y, dos años después, fue rescatado y remolcado hasta Ferrol. Esta nave volvió a naufragar en 1957 en la banda oeste de la boca de la ría. También se han encontrado restos del barco Castillo de Coca , al cual un violento temporal llevó a pique frente a Moa de Punta do Segaño en 1947. Submarinismo Restos como los de la Ragazzona o el Císcar los asegura conocer de cerca el responsable de la sección de escafandrismo del Club del Mar, Francisco Portera. Como gran aficionado a la arqueología submarina, este ferrolano encuentra con cierta frecuencia piezas de valor histórico. Por ejemplo, participando en una limpieza de fondos en colaboración con Adega y el Concello de Mugardos halló un ancla medieval que hoy se puede ver en el Museo Naval. Francisco matiza sus motivaciones: «Nosotros no salimos nunca a buscar tesoros, sino simplemente a divertirnos. Si encontramos algo, avisamos a la autoridad competente». El responsable de la sección de escafandrismo del Club del Mar comparte la idea de que la ría esconde piezas de valor: «Lo difícil es encontrarlas porque desde arriba resulta imposible saber que guarda el mar y abajo tenemos una visibilidad muy reducida, sólo ves algo si estás a su lado», comenta. De los relatos de historiadores y submarinistas se extrae una conclusión: para encontrar tesoros no hay que viajar lejos, aunque sí sumergirse profundamente.