Entrevista | Javier Aguilera Media jornada es banquero y la otra media convierte maderas de otro siglo en obras de arte. «Son como cenicientas», dice este ferrolano de 35 años que expone desde ayer en el café Macondo
07 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?avier Aguilera terminó un afamado MBA en EE.?UU becado por la Fundación Barrié y tiene despacho en uno de los gigantes de la banca, pero sueña con maderos desvencijados y trozos de pizarra oxidada. Los ve, se enamora y luego los viste con dorados para convertirlos en piezas inclasificables: mitad esculturas, mitad pinturas. Algunas se pueden ver desde ayer en el Café Macondo. -Tampoco yo soy capaz de encasillarlas, sólo sé que veo objetos y la posibilidad de embellecerlos. Lo que más me fascina es sentarme a crearlos. Siempre tengo muy presente una frase de José Antonio Marina: «Navegar en un mar de dudas, donde tú eres tu propio faro». -¿Qué podremos ver en la exposición que se inaugura hoy? -Una muestra de mi trabajo más reciente. Piezas que recuerdan al invierno, que evocan Venecia y, por supuesto, marcadas por una estación que llegará pronto: el otoño. La idea es rescatar lo mejor de un mundo en el que predomina el ruido. -Eso suena a que usted quiere dejar de ser banquero para convertirse en artista a tiempo completo... -No es mi caso. Mi trabajo remunerado también me produce muchas satisfacciones. Empecé a esculpir en el año 90 después de ver una exposición del suizo Giaccometti y ahora trabajo en un taller que tengo a medias con el dueño del anticuario El Galeón de Manila. Tanto él como mi hermano me apoyan mucho. De hecho, son los culpables de que exponga. -¿Por qué? -Porque me gusta trabajar, pero también calculo que el subidón que se tiene al crear puede ser engañoso. Las esculturas tienen que pasar la prueba del tiempo.